LAS MATEMÁTICAS SON EL LENGUAJE CON QUE DIOS HA ESCRITO EL UNIVERSO - Galileo Galilei

domingo, 9 de abril de 2017

DONALD TRUMP, EL LOBO

“Erase una vez un pastor que por broma, alertaba a toda la aldea diciendo que le atacaba un lobo. Tanta veces se burló de los aldeanos que una vez que vino el lobo, nadie hizo casos de sus gritos de socorro y el lobo se lo comió”

¿ ES DONALD TRUMP EL LOBO DEL PASTOR, EL DE CAPERUCITA O EL LOBO FEROZ ?

A los estadounidenses los conocemos poco. Tienen una superficie de más de  nueve millones cuatrocientos mil kilómetros cuadrados, dividida en 54 estados, y Europa, incluyendo Rusia, tiene  diez millones quinientos mil kilómetros cuadrados, dividida en tantos estados según temporada.  Decir que conocemos Europa porque hemos estado en Suecia y en Grecia sería un disparate risible. Pues más o menos decir que conocemos a los Estados Unidos porque hemos conocido Nueva Jersey y Los Ángeles es otro disparate.

Conocemos algo Europa, un poquito más si hemos viajado, pero en cuanto nos preguntan por sistemas de gobierno, economía, costumbres y políticas sociales o sanitarias, no sabemos nada. Pero sí lo sabemos “todo” de los Estados Unidos gracias a las películas que hemos visto y a los telediarios que nos hemos embutido: en Florida  están los manglares llenos de cocodrilos, en la Vegas hay muchos casinos y un desierto lleno de cadáveres enterrados; los simpáticos mormones están en Utah. Está Nueva York con sus calles llenas de sintecho y el Estado de Washington, muy allá, al noroeste), pero no es la capital que se llama igual pero que está en distrito Columbia . Conocemos Los Ángeles por los “Vigilantes de la playa” y San Francisco la del terremoto aquel; por la prensa sabemos que vivir allí es peligrosísimo: cada dos por tres sale un loco con un lanzallamas o un fusil de asalto y se carga a cien o doscientas personas y que la policía siempre dispara a matar sin previo aviso, por aquello de más vale prevenir que curar. Con eso, ya “conocemos” a los Estados Unidos. Vale.

Los Estados Unidos son mucho más complicados: es una federación de estados, cada uno con sus autoridades y leyes, con sus costumbres y sus rarezas, con sus encantos y sus monstruosidades, dónde todo cristo puede hacer lo que le da la gana – sin pedir permiso a nadie – mientras no quebrante la ley; porque entonces, si la quebranta, Dios le coja confesado. Pero sobre todo tienen algo maravilloso y que nos da celos a muchísimas personas honradas: son una NACIÓN de patriotas, donde la bandera de la Unión ondea no ya en los edificios oficiales  sino casi, casi en cada hogar. Eso es más definitorio de los estadounidenses. Si de verdad los conociéramos veríamos que todos son como todos debiéramos ser en cualquier lugar: gente sencilla, trabajadora, que persiguen la american way of life  y que está harta de los políticos de medio pelo, chupasangres y buenistas al mismo tiempo, que en vez de coger el toro por los cuernos siempre se limitan a condenar, amenazar y pedir sanciones en política exterior y dudar en todo lo que exija una actuación enérgica en lo interior. Salvando las distancias los presidentes de tipo Obama o la candidata Clinton (¡Una presidenciable que se desmaya!)   me recuerdan a nuestro inútil  y cobarde presidente Rajoy que hasta para orinar necesita un aval del Constitucional;  han colmado la paciencia de ese americano medio que no sale en la tele, ni es noticia, pero es la auténtica nación estadounidense.

Por eso Trump, con el estilo bronco, directo, duro, grosero y de puño de peso pesado, 
cae muy bien a esos estadounidenses de la clase obrera y campesina, la clase media de las ciudades, hartos del melindre de sus demócratas. Les recuerda a los primeros colonos que hicieron grande América cuando la epopeya  de la conquista del oeste. Su acción definitiva ha sido demostrar quién manda y lanzar un ataque de verdad, a cañonazo limpio,  a los sirios. Trump ha demostrado a todos sus compatriotas que él es el que domina. Ahora Trump se ha ganado al norteamericano medio, que está harto de los emigrantes clandestinos, de la inseguridad de las calles, de las críticas de sus “aliados” que bien saben pedir ayuda cuando la necesitan.

No entro desde luego en la moralidad, ética, derechos humanos, etc. de esto. Es, se quiera o no, harina de otro costal. Pero es cierto que con todo ese buenismo (del que lamentablemente tenemos múltiples ejemplos en España) no se va a ninguna parte. No sé si Trump será bueno para sus compatriotas, creo que sí. No creo que será bueno para la OTAN, UE, OEA, UME, etc,  etc,  etc.: como cumpla con lo que ha amenazado, ya veremos qué pasa con la OTAN, en la que sólo funcionan Alemania y Francia... (Gran Bretaña no se mancha nunca el chaqué).


Creo que los estadounidenses van a tener Trump para rato. Mejor para ellos, no sé si para los demás. Ya saben el dicho: cuando América estornuda, Europa se constipa.

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