LAS MATEMÁTICAS SON EL LENGUAJE CON QUE DIOS HA ESCRITO EL UNIVERSO - Galileo Galilei

domingo, 27 de diciembre de 2015

NOCHEBUENA: UNA NOCHE NUBLADA

Quería haber publicado este artículo en Nochebuena. Pero siempre ocurre igual: el duende de las linotipias, como decían antes los impresores, intervino y hasta hoy domingo 27 de diciembre no me ha dejado seguir usando mi blog. Ha pasado la Nochebuena, ha pasado la Navidad - mal que les pese a los de siempre - y aunque sea cronológicamente tarde el motivo de este artículo siempre está presente, como lo está la eterna paciencia de su protagonista.


Hace una noche nublada. Me he asomado a la terraza para mirar al cielo, pero sólo se veía la luna a duras penas. He mirado hacia abajo. Qué bullicio se veía; luces, música, bolsas llenas de comida, paquetes de regalos… Parece que esta noche se celebra la Navidad; o eso que se llama  Navidad. Y por más que he mirado y remirado; que incluso he bajado a la calle y he caminado un buen rato, no he visto un nombre, una palabra, una figura que me recordara a ti. ¿A ti? A fuerza de sufrir tanto bullicio estos días se me había olvidado que esta noche, precisamente esta noche, naciste. Nadie se acuerda, seguro que casi nadie sabe quién eres. Qué más da. Es el solsticio de invierno, el día del padre invierno con sus abetos, tal como desde hace siglos en la mitología nórdica.  Hay que empapuzarse, emborracharse, cruzarse regalos, tirar todo el dinero que se pueda y el que no se pueda.
         Pero sé que has nacido; y que estás entre esos centenares de miles que cruzan de Asia y África hacia Europa; sé que no has muerto ahogado, aunque Herodes, desde el infierno, ha ahogado a centenares de niños a ver si acertaba. Todavía no ha llegado tu hora. De momento tus padres hacen lo que pueden, que no es mucho, para que no mueras de frío en una tierra inhóspita. No puedes ir más lejos, no os dejan seguir hacia el norte. Hace siglos que tras esa frontera que no puedes cruzar naciones enteras, una tras otra, se proclamaron discípulos de las primeras enseñanzas que les diste más o menos hace dos mil años. ¡Pero hace tanto tiempo…! Ahora estás hambriento, tu madre apenas tiene leche para darte, tu padre consigue un poco de comida, tienes frío. Pero, perdona que te lo diga, eres un bobo;  tus padres y los miles de personas que queréis ir hacia el norte, sois tontos de remate. ¿No os habéis enterado que más allá de esa frontera se celebra espléndidamente el solsticio de invierno? Estorbáis.
         Vuelve a Asía; me da que allí te acogerán mejor. No sé donde naciste anoche, si a bordo de una patera en aguas infieles turcas o ya en la costa cristiana  griega. Recuerdo que hace dos mil años naciste en una aldea judía cerca de Jerusalén, donde sucedieron muchas cosas hasta que se deshicieron de ti. A qué no sabes que hoy esos lugares  están protegidos por el ejército judío para que los que aún se acuerdan de ti puedan ir allí en paz. Qué ironías. También te persiguen allí, en oriente; esta vez no es Caifás ni el Sanedrín sino unos demonios salidos del infierno que blasfemando el nombre de tu Padre torturan, queman, asesinan a los que te siguen, falseando lo que Dios dictó en el Libro a un profeta, Muhammad, “no hagáis violencia a los cristianos”.  
         Ya ves, en ningún sitio te quieren. ¿Para qué has vuelto? Lo haces año tras año; aunque no se sabe nunca dónde, no es difícil buscarte: allá donde haya hambre, muerte, peste y guerra. Parece que así el infierno no pueda abrirse para que salgan los cuatro jinetes.
         Ya sabes lo que te espera, te adularan una temporada, luego se desharán de ti. No te crucificarán: la pena de muerte es impensable en este benéfico mundo. Te dejarán morir en cualquier callejón, un día de frío y de nieve, cuando ya no aguantes más el hambre. Y aún serás capaz  de pedir a tu Padre que nos perdone, que no sabemos lo que hacemos… Sí que lo sabemos, lo sabemos de sobra: nos estorbas, nos recuerdas a los millones de pobres a los que hemos abandonado.
         Yo no sé por qué soportas esto siglo tras siglo. Por qué tu Padre no ordena a sus ángeles que rompan los sellos y los cuatro jinetes del Apocalipsis cabalguen dentro de nuestras fronteras. A ellos no les pararan las alambradas, ni los muros, ni los cañones.
Y ven de una vez, como prometiste, a poner a cada uno en su sitio, en Majestad, no como un mendigo, a tu izquierda o a tu derecha según corresponda. Y abres las fauces del infierno y las puertas del paraíso  ya definitivamente…
¿Qué dices?, ¿qué todavía no? ¡Ah! Has oído el vagido de un bebé recién nacido. Que hay que esperar un poco, que todavía hay un rayo de esperanza.
Siempre serás el mismo, no tienes cura


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