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martes, 1 de abril de 2014

EL PERIODISMO CONSISTE EN TOMAR PARTIDO, NO EN MENTIR (© Oasis)

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Entrevista a Ghassan Hajjar, managing editor de An Nahar

El director del periódico más difundido en Líbano explica el papel de los medios de comunicación y la información en Oriente Medio hoy, entre la necesidad de equilibrio y la imposibilidad de la neutralidad en un país dividido y demasiado cercano a Siria.

Marialaura Conte | martes, 01 de abril de 2014
Fundado en 1933 por Gebran Tueni, el periódico An Nahr se ha distinguido por sus grandes luchas políticas y sociales, desde siempre a favor de la oposición. Por él han pasado las firmas de numerosos opositores de los regímenes de los países árabes, en particular de aquellos que se refugiaban en Beirut. Hoy el managing editor del primer periódico, en cuanto a difusión en el país, es Ghassan Hajjar.

En Occidente se habla con frecuencia de las dificultades para recibir noticias fiables sobre Oriente Medio y de Oriente Medio. ¿Cómo se puede distinguir la propaganda de la verdad? 

Ante todo hay que distinguir entre los regímenes totalitarios, en los cuales los medios de comunicación oficiales son los únicos encargados de la divulgación de la información, y los países democráticos, incluido Líbano, en los cuales los medios de comunicación son propiedad de instituciones privadas y de individuos. Esta distinción abre el camino a la competición que impone a los medios de comunicación decir la verdad, aunque a veces sea una media verdad. Quien sigue los acontecimientos de cerca quiere conocer la verdad.

Donde hay una guerra civil o una sociedad dividida entre comunidades distintas, ¿los medios de comunicación pueden permanecer imparciales o están condicionados por las partes en guerra? 
Ni en Occidente ni en Oriente existen medios de comunicación neutrales al 100%. El periodismo consiste en tomar partido. ¿Cómo podríamos adoptar una posición neutral entre el ejército y el terrorismo? Sería inadmisible. Además, la verdad nunca es absoluta. Cada parte tiene una parte de verdad y la defiende. De hecho, es responsabilidad de los medios de comunicación sostener ciertas causas.

¿Cómo han influido en los medios de comunicación tradicionales los dos canales de televisión Al-Jazira y Al-Arabiya, la primera dependiente de Qatar y la segunda de Arabia Saudita? 

El espectador o el lector confirman la credibilidad de los medios de comunicación. Los dos canales de TV Al-Jazira y Al-Arabiya desempeñaban un papel decididamente más eficaz antes de la guerra en Siria, pero después, al alejarse de la verdad, perdieron una buena parte de audiencia, cuando la primera se alineó en defensa del régimen sirio, mientras que la segunda lo hizo en contra. Ambas recurrieron a la mentira. El sostén a una causa no debe pasar necesariamente por la mentira.

¿Los medios de comunicación social tienen un impacto efectivo en la sociedad civil y la opinión pública? ¿Pueden imponer una línea a la prensa escrita y decidir su agenda?

Los medios de comunicación social contribuyen a movilizar a la gente, pero no a crear una opinión pública. La velocidad de intercambio y de difusión de las noticias impide la concentración, lo cual implica una falta de claridad y visión. En consecuencia, estos medios de comunicación favorecen la superficialidad de la audiencia, que recibe una gran cantidad de informaciones pero no tiene tiempo para el análisis y la crítica. El problema es que los medios de comunicación social son capaces de atraer la atención de las generaciones jóvenes, un aspecto que les da la capacidad de controlar el futuro.

Numerosos periodistas libaneses han sido asesinados a causa de su profesión o sus posiciones: Nassib Metni (Télégraphe, 1958), Gebrane Tuéni (An-Nahar, 2005), Kamel Mroueh (Al-Hayat, 1966), Edouard Saab (L’Orient-Le Jour, 1975), Riad Taha (Al-Kifah, 1979), Salim Laouzi (Al-Hawadess, 1980), Samir Kassir (An-Nahar, 2005). ¿Qué huella han dejado? ¿No tiene miedo de que le toque a usted?

El miedo es un sentimiento interior que el hombre experimenta independientemente del hecho de que otros periodistas hayan sido asesinados. Muchas personas tienen miedo, mientras que muchas otras no temen nada y están dispuestas a confrontarse aun sabiendo que sacrifican su vida. A mí nunca se me ha pasado por la cabeza no expresar una idea o no escribir un artículo porque otros periodistas fueran asesinados. Aunque, efectivamente, como otros periodistas, a veces evito afrontar cuestiones espinosas vinculadas a la seguridad o las finanzas, que podrían implicar a regímenes, agencias influyentes o mafias, sobre todo porque las mafias actúan con frecuencia en colaboración con quien está en el poder. A pesar de esto, por lo que se refiere a las cuestiones cotidianas, nosotros no tememos ni a los políticos ni a los partidos políticos, especialmente si nuestros superiores nos garantizan el apoyo necesario.

An-Nahar es famoso por haber publicado artículos de posiciones distintas. ¿Cómo logra hoy An-Nahar seguir siendo objetivo en una situación tan compleja como la libanesa? ¿Es verdad que Saad Hariri es accionista del periódico?

An-Nahar siempre fue libre e independiente, aun sin renunciar a tomar partido políticamente. En efecto, el movimiento conocido como “coalición del 14 de marzo” nació gracias a An-Nahar y a algunos medios de comunicación y universidades cristianas. An-Nahar ha opuesto resistencia a la ocupación siria y a los ejércitos ilegales, y sigue haciéndolo. Los accionistas, incluido Hariri, nunca influenciaron su posición política. Quisimos elegir accionistas que apoyaran nuestra opinión pública o que, en cualquier caso, no intervinieran en la línea editorial del periódico. Lo que a ellos les interesa a veces es poner de relieve su papel, pero al amparo de las críticas. La verdad es que la garantía que ofrecen los Tueni ha hecho que la intervención política sea muy limitada.

¿Qué criterios le guían en la dirección del periódico más difundido en Líbano? ¿Cómo decide, día a día, tratar y presentar a los lectores las dinámicas políticas de Líbano?

Es un ejercicio y una prueba diaria para nosotros, a fin de mantener la credibilidad, de no caer en las trampas de los políticos y mantener un cierto nivel. Nos preocupa el interés nacional de Líbano, y la salvaguardia de la democracia, la diversidad y el pluralismo religioso y cultural. Partiendo de estos principios y necesidades de la gente determinamos nuestra posición. No exagero cuando digo que la mayor parte de los políticos, incluidos los pertenecientes al grupo del 14 de marzo, no están satisfechos con nosotros, porque cada partito querría que estuviésemos de su parte, hasta eliminar totalmente nuestra personalidad y nuestra independencia. Con frecuencia, les sorprenden bastante nuestras posiciones.

En Oriente Medio está teniendo lugar un debate sobre la libertad de prensa. Para frenar el periodismo de oposición a menudo basta con acusarlo de amenazar la seguridad del Estado. Es lo que sucede, por ejemplo, en Turquía, Irán, Egipto o Siria. ¿Cómo se puede defender la libertad de prensa de la censura que imponen la ley o de la autocensura?

Esta realidad no vale para Líbano desde que concluyó la tutela siria. Se acusaba a la gente de colaborar con Israel, con o sin razón. Sin embargo, hoy el espacio de libertad es más bien amplio. Lo que falta no es la libertad sino la profesionalidad, ya que numerosos periodistas van más allá de su papel y los límites aceptables lanzando insultos y acusaciones infundadas.

¿Hoy los medios de comunicación pueden desempeñar un papel concreto en los países de Oriente Medio?

En Oriente Medio de momento es difícil, excepto para algunos países como Líbano y Kuwait. En cuanto a los medios de comunicación en los demás países, están en manos del Estado. Son instituciones oficiales incapaces de progresar en el ámbito de las libertades, de expresar una crítica y ofrecer apoyo a los ciudadanos.

Desde un observatorio privilegiado como es la dirección de un periódico, ¿cómo ve la situación siria y sus implicaciones en el equilibrio libanés?

Separar a Líbano de la crisis siria es ilusorio. Es posible sólo atenuar las repercusiones de la guerra siria. An-Nahar es conocido por su hostilidad hacia el régimen sirio: partimos de nuestra posición, pero no gozamos de las desgracias de los demás y nunca hemos utilizado expresiones de rencor. Hemos criticado la oposición al régimen y sobre todo las tendencias islamistas que manifiestan intolerancia hacia el otro. Por eso, hemos tratado de permanecer fieles a la tradición de Nahar, conocido por su objetividad.

Haciendo la crónica de los coches bomba, cada vez más frecuentes, de los muertos, los miedos, la desolación, la ineficacia de la política, ¿cómo es posible permanecer sensibles, abiertos, curiosos y no convertirse en técnicos aburridos de la comunicación?

No sabría cuál puede ser nuestro papel frente al terrorismo, a parte de rechazarlo. Es una cuestión urgente. Hemos publicado varios artículos sobre la incompatibilidad de los actos terroristas con los principios religiosos, y bastantes reportajes muy conmovedores sobre el sufrimiento humano causado por las explosiones. A pesar de esto, siempre queda el temor de transformarse en máquinas que se contentan con hablar del número de muertos y de coches bomba.

Trabajar con las palabras puede ser complicado: por ejemplo, un término como “terrorista” parece claro, pero en el caso de Siria o Ucrania, el gobierno y las oposiciones lo leen de un modo distinto. ¿Es posible utilizar un lenguaje neutro?

La elección de los términos no define la posición política. Occidente, por ejemplo, utiliza el término “terrorista” para designar a Hezbollá. Si nosotros usásemos el mismo término en Líbano correríamos el riesgo de llevar al país a una guerra civil. A pesar de ello, nosotros criticamos cada día las armas ilegales y las infracciones de la ley cometidas por Hezbollá, su intervención en Siria y el mini-Estado que ha instituido dentro del Estado libanés. La posición política está clara, aunque juguemos con las palabras. Estos son los principios básicos del periodismo, porque no es posible conformarse al pie de la letra a la clasificación americana. Además, ¿quién dice que esta clasificación es siempre válida?

Los medios de comunicación son antenas que escuchan a la sociedad civil, sus sentimientos, expectativas, esperanzas y angustias. ¿Cómo percibe la situación actual? ¿Predomina un sentimiento constructivo o el abandono a divisiones radicales y eternas?

Efectivamente, los acontecimientos de los últimos años y las llamadas “primaveras árabes” nos han impulsado a reconsiderar varios aspectos. Incluso algunas de nuestras ideas cambian de un día para otro a la luz de la situación de la sociedad árabe y de sus actitudes hacia una democracia que nunca ha llegado a conocer, ante su propensión por el islamismo o el control de los islamistas sobre esta sociedad. Nosotros no perdemos la esperanza en nuestra capacidad de edificar sociedades que puedan desarrollarse. Al mismo tiempo, sin embargo, tememos los cambios que podrían poner fin a la diversidad o al pluralismo en la región. La laicidad podría sucumbir mucho antes que la situación se estabilice. Y esto es espantoso.

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