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sábado, 9 de noviembre de 2013

DECLARACION DE (LA UNIVERSIDAD) AL-AZHAR Y DE LOS INTELECTUALES (MUSULMANES) SOBRE EL ORDENAMIENTO DE LAS LIBERTADES FUNDAMENTALES

Declaración de al-Azhar y de los intelectuales sobre el ordenamiento de las libertades fundamentales

S.E. Shaykh al-Azhar, Dr. Ahmad Muhammad at-Tayyeb   27/02/2012



En el nombre de Dios, clemente y misericordioso
Al-Azhar al-Sharif
Despacho del Jeque de al-Azhar


Declaración de al-Azhar y de los intelectuales sobre el ordenamiento de las libertades fundamentales

Los egipcios y la umma árabe-islámica, después de las revoluciones de liberación que han emancipado las libertades dando un nuevo impulso al espíritu del Renacimiento (nahda) en todos los ámbitos, se dirigen a los ulemas de la umma y a sus intelectuales para que definan la relación entre los principios generales de la noble sharía islámica y el sistema de las libertades fundamentales sobre las cuales concuerdan los tratados internacionales y de las cuales deriva la experiencia de civilización del pueblo egipcio. Están llamados a sentar las bases, confirmar las constantes y definir las condiciones que garanticen el progreso y abran de par en par los horizontes del futuro. Estas libertades son la libertad de fe, la libertad de opinión y de expresión, la libertad de investigación científica y la libertad de creatividad artístico-literaria, todas fundadas en la sólida base de la salvaguardia de las nobles finalidades (maqâsid) de la sharía, de la comprensión del espíritu de la legislación constitucional moderna y de las exigencias del progreso cognoscitivo del hombre. De ese modo, la fuerza espiritual de la umma se convertirá en alimento para el Renacimiento, estímulo para el progreso y camino para desarrollo material y espiritual, en un esfuerzo continuo en el cual el discurso cultural bien guiado se armonizará con el discurso religioso iluminado, y los dos elementos se conciliarán en un orden futuro provechoso. En este punto encuentran su unidad las finalidades y los objetivos compartidos.
Partiendo de esta base, el grupo de ulemas de al-Azhar y de intelectuales egipcios que redactaron el primer documento bajo la égida de al-Azhar, al cual siguió una declaración de apoyo a la movilización de los pueblos árabes hermanos por la libertad y la democracia, prosiguieron su actividad discutiendo entre ellos los principios generales intelectuales en el ordenamiento de las libertades y de los derechos humanos. Así llegaron a establecer un conjunto de principios y normas que regulan estas libertades, partiendo de las exigencias del momento histórico actual y salvaguardando la sustancia del acuerdo social, teniendo en cuenta el bien común en la fase de transición democrática, a fin de que la umma logre edificar sus propias instituciones constitucionales de manera pacífica y moderada y con el éxito de Dios el Altísimo. Esto debería impedir la difusión de llamamientos tendenciosos que toman como pretexto el principio de ordenar el bien y prohibir el mal  para interferir en las libertades públicas y privadas, hecho que no es propio del progreso civil y social del Egipto moderno, precisamente en un momento en el cual el país tiene la máxima necesidad de estar unido en una palabra común y en una comprensión central y recta de la religión. Por lo demás, esta es la misión religiosa de al-Azhar y su responsabilidad para con la sociedad y la patria.

Primer punto: la libertad de fe
La libertad de fe, y el derecho vinculado a esta de ciudadanía (muwâtana) plena para todos, basado [a su vez] en la igualdad absoluta en los derechos y los deberes, se considera la piedra angular del edificio social moderno. Queda garantizada por textos religiosos dirimentes y siempre válidos y por principios constitucionales y jurídicos explícitos. En efecto, dice el Todopoderoso, sea exaltado y magnificado: «No existe constricción en la fe, la guía se ha distinguido bien del error» (2:256); «Quien quiere creer que crea, quien no quiere creer que no crea» (18:29). La consecuencia es que cualquier forma de constricción en la religión, persecución o discriminación en su nombre, se condena como un delito. Cada persona en la sociedad tiene el derecho de abrazar las ideas que prefiere, con tal de que no menoscabe el derecho de la sociedad de preservar las creencias celestiales. En efecto, las tres religiones divinas tienen un carácter sagrado (qadâsa). Las personas son libres de practicar sus propios ritos, pero sin ofender las sensibilidades de los demás, violar la sacralidad (hurma) de las tres religiones de palabra o con los hechos, y sin atentar contra el orden público.
Puesto que la Patria árabe es la cuna de la Revelación celestial y la protectora de las religiones divinas, se ha comprometido de modo especial en salvaguardar su carácter sagrado, respetar sus ritos y tutelar los derechos de sus fieles en libertad, dignidad y hermandad.
Del derecho a la libertad de fe deriva el reconocimiento de la legitimidad del pluralismo (ta‘addud), la tutela del derecho a la diferencia más allá del deber de cada ciudadano de tener en cuenta la sensibilidad de los demás y la igualdad entre ellos, sobre la sólida base de la ciudadanía, de la participación y de la igualdad de oportunidades en los derechos y deberes.
Análogamente, del respeto de la libertad de fe deriva el rechazo de tendencias exclusivistas siempre dispuestas a acusar a los demás de incredulidad (takfîr), al igual que el rechazo de actitudes de condena de las doctrinas de los demás y de los intentos de indagar en las conciencias de los fieles. Esta posición encuentra fundamento en los ordenamientos constitucionales, pero antes aún en las normas explícitas y dirimentes formuladas por los ulemas musulmanes y establecidas por la noble sharía, basándose en la ilustre tradición profética [resumida en la expresión] «¿Le has abierto el corazón?» . El imán Malik de Medina y los demás imanes han establecido, basándose en este dicho, que «si una persona hace una afirmación que es de incredulidad desde cien puntos de vista y de fe sólo desde uno, debe ser juzgada por el punto de fe y no está permitido tacharla de incredulidad». Los imanes que practicaban el esfuerzo interpretativo y legislativo dieron gran importancia a la razón en el Islam y nos dejaron su regla de oro, que reza: «Si hubiera un conflicto entre la razón y la tradición, que se prefiera la razón y se interprete la tradición», en favor del interés público y según las finalidades de la sharía.

Segundo punto: la libertad de opinión y de expresión
La libertad de opinión es la madre de todas las libertades y se manifiesta en expresar libremente las propias opiniones con todos los medios de expresión: la escritura, el discurso oral, la producción artística y la comunicación digital. Se trata de un aspecto de las libertades sociales que va más allá del individuo para incluir a otros sujetos, por ejemplo a través de la formación de partidos y asociaciones de la sociedad civil. Comprende, además, la libertad de prensa, de información radiofónica, televisiva y digital, y la libertad de procurarse las informaciones necesarias para formarse una opinión. Debe ser garantizada por los textos constitucionales para que esté por encima de las leyes ordinarias, que podrían sufrir cambios.
La Corte constitucional en Egipto ha decidido ampliar el concepto de libertad de expresión, incluyendo la crítica constructiva, incluso cuando esta asuma expresiones fuertes, y ha declarado que «no es posible que la libertad de expresión en los asuntos públicos esté vinculada a la necesidad de no exacerbar, al contrario en este campo se requiere tolerancia». Sin embargo, es un deber llamar la atención sobre la necesidad de respetar el credo de las tres religiones divinas y sus ritos, con motivo de su importancia para el tejido nacional y la seguridad pública. Nadie tiene el derecho de fomentar tensiones confesionales (fitan tâ’ifiyya) o fanatismos sectarios en nombre de la libertad de expresión, aunque esté garantizado el derecho de practicar el esfuerzo interpretativo (ijtihâd), según la opinión científica respaldada con pruebas, en los ámbitos especializados y al amparo de tensiones, como ya se ha dicho  a propósito de la libertad de investigación científica.
Los presentes declaran que la libertad de opinión y de expresión es la manifestación verdadera de la democracia e invitan a educar a las jóvenes generaciones a la cultura de la libertad, al derecho a la diversidad y al respeto por los demás. Incitan a cuantos actúan en el ámbito del discurso religioso, cultural y político en los medios de información a que en sus prácticas tengan en cuenta esta importante dimensión y se atengan a la sabiduría en la formación de una opinión pública caracterizada por la tolerancia y la amplitud de miras, predispuesta al diálogo y contraria al fanatismo. Para realizar este objetivo es preciso recordar las tradiciones culturales del pensamiento islámico tolerante. Los mayores paladines del esfuerzo interpretativo afirmaban: «Mi parecer es una opinión correcta que podría resultar equivocada, el parecer distinto del mío es una opinión equivocada que podría ser correcta». Dicho esto, no hay manera de proteger la libertad de opinión si no es a través de la confrontación entre la prueba y la confirmación de la prueba, según la práctica del diálogo y las costumbres de civilización propias de las sociedades avanzadas.

Tercer punto: la libertad de investigación científica
La investigación científica seria en las ciencias humanas, naturales, matemáticas, etcétera, estimula el progreso humano y es un medio para descubrir las costumbres (sunan) del universo y conocer sus leyes, a fin de ponerlas al servicio de la humanidad. La investigación no puede dar frutos, teóricos y prácticos, si la umma no le consagra sus energías y no mueve su propio potencial en su favor. Los nobles textos coránicos incitan a observar, pensar, deducir, proceder por analogía y meditar sobre fenómenos del universo y de la humanidad para descubrir sus costumbres y sus leyes. Han allanado el camino al mayor Renacimiento científico en la historia de Oriente, que llegó hasta el nivel de las aplicaciones prácticas y contribuyó a la felicidad de los hombres, tanto en Oriente como en Occidente. Los ulemas del Islam guiaron este Renacimiento científico y transmitieron su pasión para que iluminase el Renacimiento occidental, como es sabido y está demostrado. Si la reflexión en general sobre los saberes y las artes es una prescripción islámica, como afirman los jurisperitos, la investigación científica teórica y experimental es el instrumento de esta reflexión. La condición más importante para que pueda tener lugar es que los institutos de investigación y los especialistas gocen de una libertad académica total en los experimentos, en la elaboración de hipótesis y suposiciones y a la hora de ponerlas a prueba según estándares científicos meticulosos. Es un derecho de estas instituciones hacer uso de la imaginación creativa y de [la enseñanza de] la experiencia que garantiza que se alcancen nuevos resultados, que enriquecen el saber humano. En esta investigación los estudiosos se guían solamente por la ética de la ciencia, por sus métodos y sus principios. Los grandes ulemas musulmanes como al-Razi, Ibn al-Haytham, Ibn al-Nafis, etc. fueron los mayores exponentes del saber científico de su época, pioneros en Oriente y en Occidente durante muchos siglos. Ha llegado el momento de que la umma árabe-islámica vuelva a ser competitiva y entre en la era del conocimiento. La ciencia se ha convertido en la fuente del poder militar y económico, la causa del progreso, del crecimiento y la prosperidad; la investigación científica libre se ha convertido en el corazón del Renacimiento de la educación, de la hegemonía del pensamiento científico y del florecer de los centros de producción. A esta se reservan fondos importantes, por ella se constituyen grupos de trabajo y se proponen grandes proyectos, lo cual requiere que se asegure a la investigación científica y humanística la máxima defensa.
Occidente estuvo a punto de adquirir el control de todo el progreso científico y de monopolizar el camino de la ciencia, si no hubiera intervenido el renacimiento de Japón, China, India y el Sureste asiático. Estos países han ofrecido modelos luminosos de la capacidad de Oriente de romper ese monopolio y entrar a lo grande en la era de la ciencia y del saber. Ha llegado el momento de que los egipcios, los árabes y los musulmanes también entren en la competición científica y cultural. Poseen, en efecto, las fuerzas espirituales, físicas, humanas y las demás condiciones necesarias para el progreso, en un mundo que no respeta a los débiles y a quienes se quedan atrás.

Cuarto punto: la libertad de creatividad artístico-literaria
La creatividad se subdivide en creatividad científica (vinculada como se ha dicho a la investigación científica) y creatividad artístico-literaria, que encuentra su expresión en distintos géneros literarios: poesía lírica y dramática, narrativa y novela, teatro, autobiografía, artes visuales y plásticas, artes cinematográficas, televisivas y musicales, y otras formas recientemente ideadas en todos estos ámbitos.
La literatura y las artes en su conjunto aspiran a contribuir a que crezca la conciencia de la realidad, a estimular la imaginación, elevar el sentido estético, educar los sentidos humanos, ampliar las capacidades intelectivas y profundizar la experiencia de vida y de sociedad propia del hombre. A veces critican a la sociedad, evocando realidades más elevadas y mejores. Todas estas nobles funciones conllevan un enriquecimiento de la lengua y la cultura, estimulan la imaginación y hacen crecer el pensamiento, a la vez que salvaguardan los valores religiosos supremos y las virtudes morales.
La lengua árabe se distingue [desde sus orígenes] por su riqueza literaria y su célebre elocuencia. La venida del noble Corán, culmen inimitable de elocuencia, acreció su belleza y puso de relieve su genio. Del Corán se alimentaron la poesía, la prosa y la reflexión sapiencial (hikma) y en él se inspiraron poetas y escritores, de todos aquellos que profesaban el Islam y se expresaban en árabe. Durante largos siglos destacaron en todas las artes, en libertad y sin obstáculos. Incluso, muchos de los jeques e imanes que sentaron las bases de la cultura árabe-islámica fueron quienes transmitieron poesías y narraciones (qisas), en todas sus formas. De todos modos, la regla fundamental que rige los límites de la libertad de creatividad es, por un lado, la receptividad de la sociedad y, por otro, la capacidad de asumir los elementos de la tradición y renovarlos a través de la creatividad literaria y artística, sin intromisiones externas hasta que no se tocan los sentimientos religiosos o los valores morales establecidos.
La creatividad literaria y artística sigue siendo uno de los aspectos más importantes para un ordenamiento provechoso de las libertades fundamentales y uno de los medios más eficaces para estimular la concienciación social y enriquecer la conciencia. El nivel de arraigo de la recta libertad es indicativo del nivel de civilización alcanzado, puesto que la literatura y las artes son un espejo de las sociedades y una expresión fiel de los elementos estables y cambiantes que las constituyen. Ofrecen una imagen viva de las aspiraciones de un futuro mejor. Y Dios es quien hace prosperar lo que es bueno y justo.

Redactado en las oficinas del Jeque de al-Azhar, 14 Safar 1433h / 8 de enero de 2012

El Jeque de Al-Azhar
Ahmad at-Tayyeb



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