LAS MATEMÁTICAS SON EL LENGUAJE CON QUE DIOS HA ESCRITO EL UNIVERSO - Galileo Galilei

martes, 12 de noviembre de 2013

CONTAGIO VIOLENCIA: SIRIA, PAKISTÁN, AFGANISTÁN

Salir de la historia: cuando a un país le toca este destino, cuando los medios de comunicación comienzan a desviar la atención hacia otra parte, no significa que los problemas se hayan resuelto, sino que tiene lugar una especie de rendición, un abandono a un destino infausto, que se considera inexorable. Es lo que está sucediendo con Siria, que después de un mes de septiembre en el que ocupó las primeras páginas, ha quedado sumida en un silencio apagado. Lo mismo sucede con Pakistán, del que se habla sólo para dar nuevos boletines de atentados terroristas. Lo mismo sucede con Afganistán, desaparecido del horizonte informativo.
En cambio, la historia continua y merece un poco de luz



Siria: la última pieza de una primavera traicionada

Domenico Quirico explica su desilusión respecto a la Revolución siria, describe su secuestro y habla de la relación entre su profesión y su familia

Claudio Fontana | giovedì 7 novembre 2013
La revolución, el papel de Occidente, los yihadistas. El secuestro y la profesión de periodista: entrevista a Domenico Quirico, corresponsal de La stampa de Claudio Fontana

Viajando desde las colinas de Asti al lago de Lecco, pasando por el tráfico de las rondas milanesas —las llamadas tangenziali— en la hora punta, hay tiempo para bromear («se estaba mejor como rehén en Siria que embotellado en el tráfico de la ronda»), pero también para un largo diálogo. Sobre Siria, claramente, pero no únicamente. Nos habla de sí mismo: un periodista licenciado en derecho con la pasión por la historia que «se hace ilusiones de que es también un poco historiador, porque el periodismo si se hace seriamente cuenta la historia cotidiana». Y que espera que un día algún historiador de profesión saque provecho de sus artículos, aunque sea «una infinitésima parte de las vicisitudes de los países sobre los cuales he escrito». Domenico Quirico, corresponsal de guerra, ha vivido situaciones peligrosas en todo el mundo, con una marcada preferencia por África: «Me interesan los africanos, porque creo que en ningún otro lugar del mundo el hombre está tan sometido a la usura de la historia y tiene que tener semejante valentía, un tal heroísmo de lo cotidiano, como en la África actual». Después, inevitablemente, se pasa a hablar de Siria.


¿Cree que hay algo específico en el pueblo sirio y la situación siria, que marca la diferencia respecto a todos los demás estados que han vivido las Primaveras árabes?


Se trata de una pregunta muy compleja, que presupone un conocimiento de Siria que yo no tengo. Fui a Siria por primera vez cuando estalló la revolución. Pero hasta ese momento Siria era un país periférico respecto a mis destinos habituales. Por este motivo, llegué a Siria completamente libre de cualquier prejuicio.

Ciertamente sabía qué país era, qué es el régimen de Asad, pero no tenía un conocimiento tan específico del pueblo sirio. Sin embargo, después de cinco viajes al país y muchos otros a Libia, Túnez, Egipto puedo decir una cosa: creo que respecto a las otras Primaveras árabes el problema es la presencia de Rusia. Para Rusia, Siria es el último residuo de su estatus de potencia mundial. Si los rusos se retiraran de Siria, Rusia volvería a quedarse con sus fronteras reducidas, perdería su estatus imperial. Rusia nunca dejará Siria, a no ser que se vea obligada a ello. A causa de este elemento la revolución es más débil. En Libia Rusia estaba implicada, pero sólo de forma periférica.
El régimen de Bashar se ha aprovechado ampliamente de esta condición de aliado necesario de los rusos y esto les ha permitido oponer a la revolución una resistencia determinada. Además, hay elementos de debilidad intrínsecos a la revolución siria y que también son culpa de Occidente: el campo de la oposición es extremadamente heterogéneo y en el momento en que, al inicio, la revolución se nos parecía más y más hubiésemos debido ayudarla, la dejamos sola. Pero sola no tenía las fuerzas suficientes para derrotar al régimen de Asad, fuertemente sostenido por rusos, chinos e iraníes.

Occidente, por tanto, ¿ha perdido una ocasión?


Diría que sí. Ha perdido una ocasión desde el punto de vista político, en el sentido de que basta fijarse en las fronteras de Siria para darse cuenta de que es el país central de una zona neurálgica del mundo. Pero diría sobre todo que ha perdido una ocasión desde el punto de vista ético, en el sentido de que el rechazo, la vileza, la consideración mezquina y miope del interés momentáneo ha impulsado a Occidente a no ayudar a los sirios, porque esto hubiera podido costar bastante. Antes que geopolítico el pecado es ético. Siria, si realmente se convierte en el primer estado territorial del yihadismo internacional, será capaz de provocar daños más allá de los confines de Oriente Medio.


¿Cómo ha influido —si ha influido— el secuestro en su modo de valorar las Primaveras árabes?


Las Primaveras árabes habían florecido y muerto ya antes de mi secuestro. Yo fui a Siria a inicios de abril, cuando la situación en Egipto ya estaba muy comprometida por el pacto infernal e innatural entre el Ejército y los Hermanos Musulmanes, que estrangulaba la revolución de la plaza Tahrir. Túnez ya estaba en agonía, con an-Nahda en el poder y los salafistas desatados. Libia se encontraba en pleno caos. Ciertamente, al inicio creí que la Primavera árabe, por la energía intrínseca que desarrolló en las calles, en los enfrentamientos también generacionales, pudiese determinar cambios mucho más profundos e importantes de las involuciones a las cuales por el contrario ahora asistimos, a pesar de que fueran claros los elementos de debilidad vinculados a la ausencia de élite y a la falta de un proyecto político que no fuese el islamista (los islamistas lo tienen, mientras que otros grupos tienen esperanzas y sueños pero ningún proyecto político). Sin embargo, esa era una historia ya vieja en el momento en que me secuestran. Siria es simplemente la última pieza de una desilusión anterior.


¿Considera posible que los rebeldes llamados “moderados” puedan salirse con la suya dentro de la oposición y después respecto a Asad? ¿Hay alguien que sostiene esta facción de la revolución?


No. En los cinco viajes que he hecho a Siria, desde el estallido de la revolución hasta el momento en que fui secuestrado, he visto como iba disminuyendo con una rapidez impresionante hasta desaparecer el Ejército Sirio Libre, es decir, de la primera revolución, y lo substituían las banderas y las fuerzas militares de los terroristas radicales, yihadistas. A estos se añaden los nuevos grupos que se camuflan de revolucionarios, pero que en realidad son bandidos que utilizan la revolución para sus objetivos de enriquecimiento, control y explotación de ciertas partes de territorio.

Los “moderados” no han tenido la ayuda de Occidente, pero tampoco han tenido la ayuda financiera de Arabia Saudita y Qatar, los grandes patrocinadores en cambio de los movimientos yihadistas y, por tanto, están destrozados y bajo asedio... Incluso he conocido a muchos jóvenes que antes estaban en katibe [unidades] del Ejército Sirio Libre y después, al ver que estaban privados de medios y no eran capaces de combatir al mismo nivel con las fuerzas del ejército o con Hezbollá, pasaron, aunque no fuesen fanáticos islamistas, a formaciones como Jabhat al-Nusra, porque están mejor armados, más organizados, porque hay una cadena de mando, porque no son bandidos, porque tienen un proyecto político que los demás ya no tienen o no logran realizar.

Una vez liberado afirmó que al-Nusra la había tratado como a un hombre, a diferencia de los bandidos con los que estuvo la mayor parte del tiempo… 


En los diez días con al-Nusra se me trató con gran dignidad, comí lo que comían ellos, no me pegaron, me trataron como a un ser humano. Los otros me trataron como una bestia. ¿Por qué? Muy sencillo: porque los otros no tienen un honor, mientras que la gente de al-Nusra, aunque sean despiadados y estén vinculados a un proyecto político extremamente determinado del cual seremos los próximos blancos y adversarios, tienen su “dignidad”, es decir, se comportan según un principio correcto: el otro ser humano es un enemigo, pero es un ser humano. Los bandidos, en cambio, simplemente tienen como objetivo llenarse los bolsillos de dinero, saquear a la población. Aunque tengo que precisar una cosa: también dentro de las facciones como al-Nusra o del Islamic State of Iraq and the Levant (que es incluso más radical que al-Nusra) hay guerrillas diferentes. Si usted se encuentra con una guerrilla de al-Nusra compuesta por sirios, hay buenas posibilidades de que le traten bien, pero si se encuentra con una guerrilla compuesta por chechenos, iraquíes, kirguises o mauritanos, entonces corre seriamente el riesgo de que le maten sólo por la idea de que hay que matar al occidental.


Durante el secuestro tenía libros y a su regreso subrayó la importancia de tenerlos con usted. ¿Por qué?


El libro es mi vida, me he pasado la vida leyendo. Siempre viajo con libros, si es necesario dejo en casa los calzoncillos pero los libros me los llevo, porque es como viajar con otras personas y, de hecho, en estos 152 días los libros me hablaron, así como me habían hablado también las otras veces, puesto que eran libros que ya había leído. Pero en aquella situación por ejemplo un libro que se titula El camino del retorno le dejo imaginar fácilmente lo que podía decirme. Una de las cosas que me pone más triste es que tuve que dejarlos secuestrados en Siria y no pude traerlos conmigo, libres también ellos, y volverlos a leer en Italia después de esa experiencia, una vez más, por décima vez. Un libro, cuando lo vuelves a leer, nunca es igual a sí mismo, el libro es otro: lo lees hoy y mañana por la mañana te dirá otra cosa. Es la vida que pasa a través de las palabras: yo me gano la vida con las palabras, son una herramienta que sé manejar, mi instrumento para comunicar con la realidad, con los demás, conmigo mismo. Signos negros en hojas blancas… ¡nunca leeré un e-book!


Ha contado que durante el período que transcurrió en cautiverio tuvo la posibilidad de matar a sus carceleros para escapar. Pero no lo hizo.


Por una especie de beneficio del destino al final logramos escapar sin necesidad de matar a nuestros secuestradores, que nos volvieron a atrapar al cabo de algún tiempo. Pero la cuestión es que no sé si hubiese sido capaz de matarlos. Técnicamente es fácil, lanzas una granada y destrozas cuatro vidas humanas. El problema es si después puedes convivir con el hecho de haber matado a cuatro personas. Francamente no sabría responder. Aprender a matar, convertirse en Caín, contrariamente a lo que se pueda creer, no es tan sencillo. Incluso más allá del hecho de ser cristiano, de que nos está prohibido matar, es realmente difícil mirar a otra persona y decir «dentro de cinco minutos estarás hecho trizas porque lo decido yo». Salta algo, que yo creo que está en lo más hondo de nosotros mismos, que te detiene. Hay algo en ti mismo, como hombre respecto a otro hombre, que te retiene. Mi problema era que me separasen para siempre de las personas que amo y me importan, y esto me impulsaba desesperadamente a tratar de escapar. Porque, de lo contrario, racionalmente, podía decir que seguro que alguien estaba trabajando para sacarme de allí y quizá era más inteligente mantenerse tranquilos y a la espera. Pero ese instinto me decía: «¡No! ¡Sal! ¡Recupera tu vida, la alegría de correr, de respirar el aire del campo!». Esto era lo que me empujaba a tratar de escapar.


También fue una enorme prueba para su mujer y sus hijas...


Hablo de lo que a mí se refiere, sin responder en su lugar. He ido a un montón de sitios tremendos, incluso peores que Siria, como Somalia, Ruanda, Liberia, Mozambique, Chechenia, pero por primera vez me pregunto (y todavía no he encontraré una respuesta honesta) si tengo el derecho, por mi vanidad de escribir, de contar las cosas, de imponer a otras personas el miedo, el dolor, el sufrimiento, la espera. Todo cosas que yo acepto voluntariamente, pero a las cuales ellas se ven obligadas. ¿Tengo este derecho? Está claro que la respuesta presupone que si respondo que no, tengo que dejar este oficio

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