LAS MATEMÁTICAS SON EL LENGUAJE CON QUE DIOS HA ESCRITO EL UNIVERSO - Galileo Galilei

domingo, 3 de marzo de 2013

ES GIBT NOCH RICHTER IN BERLIN

        Es gibt noch Richter in Berlin" Dice el mito que así le repuso gallardamente un molinero de Postdam al mismísimo rey de Prusia, Federico II, allá en las postrimerías del siglo XVIII. Que se cuidara muy mucho de dejarle sin su molino, por mucho que el monarca creyera que podía hacerlo sin mayores problemas. Que se podía encontrar con que, en realidad, no podía hacerlo a su antojo, tal y como el creía, por mucho rey de Prusia que fuera. El caso es que, lindante con el palacio de Sans-souci y su jardín, el molino y su actividad alteraba el descanso Federico II el Grande, o simplemente le impedía ampliar el recinto, y éste manifestó su intención de hacerse con él para tirarlo abajo o, sencillamente, de demolerlo por las buenas si su propietario no se avenía a los deseos reales. 

Señor, todavía hay jueces en Berlín

La historia, en sus múltiples versiones, es muy conocida por los juristas. Ilustra diversas explicaciones míticas sobre la naturaleza de la autoridad en Prusia y su sometimiento a Derecho (por autoritario que fuera el régimen) pero, sobre todo, permite dar colorido a la exposición sobre la base del funcionamiento de todo sistema de control de las decisiones administrativas, ese milagroso (que dice certeramente P. Weil) alumbramiento que empieza a intuirse a finales del siglo XVIII. Como suele ocurrir con los mitos, la historia que le da origen es falsa. Pero también es hermosa, confrontando la terca confianza de un ciudadano que con su esfuerzo y tesón ha enriquecido su hacienda con la posibilidad de que de forma arbitraria e incontrolable se le pueda privar de ella y cómo una autoridad judicial independiente permite evitar tal riesgo. Incluso hay unos versos de Andrieux que, según múltiples referencias de Google (todas sospechosamente clónicas), describen el episodio de forma notable. Lamentablemente no he podido acceder a ellos ni leerlos (como, me temo, es el caso de muchos de los que los citan con entusiasmo). 

El mito se suele completar con la afirmación de que Federico el Grande acabó encantado de que el molinero confiara tan ciegamente en su justicia, hasta el punto de que incluso se enfrentaba al mismo monarca creyendo que obtendría razón de los jueces. ¡Qué grandeza de espíritu la del rey de Prusia! 

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