LAS MATEMÁTICAS SON EL LENGUAJE CON QUE DIOS HA ESCRITO EL UNIVERSO - Galileo Galilei

viernes, 10 de noviembre de 2017

SI POR UN INSTANTE MI CREADOR SE OLVIDARA QUE SOY UNA MARIONETA DE TRAPO...

Esta entrada la publiqué en diciembre de 2012, es decir, hace cinco años. Creo que como nosotros y el mundo al que - velis nolis, más bien nolis - pertenecemos no ha mejorado, sino ha empeorado, publico de nuevo estas reflexiones de Gabo. Es cierto que los dichos y frases de García Márquez han proliferado tanto que muchos de ellos son apócrifos; le gana en esto Albert Einstein porque si se aprovecharan todas sus "reflexiones" se podría escribir una novela del absurdo de principio a fin; a peores les han echado, que no dado, el Nobel de Literatura. Este que sigue me han asegurado que es original de Gabo. Vete a saber. Pero como dicen en Italia, "se non è vero, è ben trovato".
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Si por un instante mi Creador se olvidara que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, aprovecharía ese tiempo lo más que pudiera.
Posiblemente no diría todo lo que pienso, pe­ro en definitiva pensaría todo lo que digo, antes de decirlo.
Di siempre lo que sientes y haz lo que pien­sas.
También daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan en sí mismas.
Dormiría poco, soñaría más, pues entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perde­mos sesenta segundos de luz.
Andaría cuando los demás se detienen; des­pertaría cuando los demás duermen.

Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vesti­ría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando des­cubierto. no solamente mi cuerpo, sino mi alma.
A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
Al niño le daría alas, pero le dejaría que él só­lo aprendiese a volar.
A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido.

Tantas cosas he aprendido de los hombres.
He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdade­ra felicidad está en la forma de subir por la escarpa­da ladera hacia la cumbre.
He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeña mano, por primera vez, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre.
He aprendido que un hombre sólo tiene dere­cho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayu­darle a levantarse.

Son tantas cosas las que he podido aprender de los hombres, pero realmente de mucho no habrá de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo.
Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma.
Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo, te diría "te quiero" y no asumiría, tonta­mente, que ya lo sabes. -

Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, y que nunca te ol­vidaré.
El mañana no le está asegurado a nadie, jo­ven o viejo.
Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas.
Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si el mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día que no te tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso y que estuviste muy ocupado para concederles un último deseo.

Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que los necesitas, quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para decirles, "lo siento", "perdó­name", "por favor", "gracias" y todas las palabras de a amor que conoces o recuerdas.
Nadie te recordará por tus pensamientos se­cretos; manifiéstalos con amor, educación y respeto hacia el otro.

Pide al Creador la fuerza y sabiduría para ex­presarlos.
Demuestra a tus amigos y seres queridos cuanto te importan.
Si no lo haces hoy, mañana será igual que ayer. No te digas lo difícil que es cambiar, ni por qué nada cambia en tu vida.
Para ti con mucho cariño y amor,

Gabriel García Márquez

lunes, 30 de octubre de 2017

HAZ Y YUGO

Ante la torre casi derruida de Castellamare, en Palermo, una fina puerta de arco rebajado, hermana de las de Toledo y Alcalá, sostiene las armas reales. El sol de mediodía da, como en el rostro de un cuadrante solar, en el viejo escudo de España. Sobre el intenso azul del mar, aquietado en el cerco de oro de los montes, flotan, como pétalos en una copa, las embarcaciones pintadas a la antigua, de colores claros. Bajo las nubes blancas, que desunen ya de su cortejo matinal de bodas, el escudo del Rey Fernando y de la Reina Isabel casi brilla en el mármol donde fue sobriamente inciso sin escarolados follajes. A los flancos lleva esculpidos –invención de Antonio Nebrija– el yugo del buey y el haz de flechas.

 ¡Escudos españoles de Sicilia! Ellos dicen que tuvimos alguna parte en la idea humana, virgiliana, clásica y cristiana del Imperio. Se quiso defender con ellos una unicidad, una civilización, una religión, una cultura, una católica y romana pastoral de los Cárpatos a los Andes, un concierto de pueblos superiores... Ellos dicen cómo supimos continuar el discurso milenario de las armas y de las letras, cómo invocamos, hasta donde nos fue posible, en la larga pelea, el socorro de las musas; cómo dimos nuestra odisea de ultramar y nuestra Edad de Oro; cómo ensayamos no sólo humillar y oprimir a los pueblos –según se nos reprocha–, sino también establecer una cooperación más elevada, inteligente y generosa que la que existe ahora. Hicimos un esfuerzo por establecer una Monarquía universal, por hacer copartícipes a los pueblos en una jerarquía de las mejores... Quisimos una paz y unidad en la religión, en la cultura, en el heroísmo.

Aquí, a la tierra de Sicilia, antes que con el de las columnas del Plus Ultra, vinimos con aquel otro escudo. Trajimos, entre un yugo y un haz de flechas, los cuarteles de la nacional dinastía. Cantaba sus Geórgicas con el yugo y cantaba su Eneida con el haz. Más que ningún otro blasón se acomodaba éste a la sencillez, al consejo de Hesíodo, a la modestia, a la fuerte y templada dignidad de Ítaca y de Castilla, al griego de Homero como a los latines de Isidoro y al romance de Garcilaso y de Fray Luis. Nunca tuvimos otro escudo mejor. Con su haz de flechas y su yugo arcaico él hacía pensar en la patria romana, «rica de cosechas y de héroes», que Virgilio había cantado.

Así volvía, en el escudo virgiliano de la Reina Isabel, aquel equilibrio de la pastoral y de la epopeya que pasa todavía como un sueño dorado de Cervantes. A la tierra de Cíclopes y de pastores, donde Vulcano acicalaba las armas de Aquiles y donde Minerva enseñaba a los hombres el arte de arar y de uncir los bueyes, volvía, en signos castellanos y aragoneses, el recuerdo de la lección maravillosa. En los trabajos y en los días, de España, en las mocedades de un Imperio, he aquí los símbolos sin énfasis que bastan al esfuerzo común. Significaron en sus acepciones más altas, más que predominio vanaglorioso, educación perfecta, hecha de soportar los yugos de las Ciencias y de las Artes y de afinarse en punterías y destrezas exactas de arquero.

Repongamos en el escudo yugo y haz. Si el yugo sin las flechas resulta pesado, las flechas sin el yugo corren peligro de volverse demasiado voladoras. Tornemos, más que a una política, a una disciplina, a una conducta, a un estilo, a un modo de ser, a una educación. Unamos a la laboriosidad cotidiana la audacia vigilante y el ojo seguro del sagitario.

Poco diría el yugo si sólo dijese: sujeción. Dice también instrumento para realizar la fatiga, ayuda piadosa, domesticidad, mansedumbre, coyunda sacramental de amor. Poco diría el haz si sólo dijese: la unión es la fuerza. Dice también que tiene en ligadura presta a soltarse alas de pluma y aguijones de acero.

¡Escudo virgiliano de la Reina Isabel! Haznos volar, aguijonear, arar, tender el arco en afinada puntería, espolear la yunta y el vuelo, tener una conciencia diaria del surco y de la trayectoria. Entre el yugo del buey y el haz de flechas tú podrías volverte nuestro cuadrante, en espera del Mediodía.

Rafael Sánchez Mazas

(Fragmento de una conferencia dada en Santander y publicada por el Boletín de la «Biblioteca Menéndez y Pelayo» en 1927.)

sábado, 28 de octubre de 2017

EL SENTIDO SOCIAL DEL FASCISMO


Primacía del trabajo

El sentido social del fascismo


Hasta ahora que ha llegado la República a España, para seguir despertando a España –tras el clarinazo de la Dictadura– de una modorra casi secular, ha sido difícil y peligroso hablar en serio del Fascismo entre nosotros.
Los interesados en mantener el equívoco –y son muchos en España– habían hecho creer a las buenas gentes que el Fascismo significaba algo negativo, reaccionario, capitalista, monárquico, clerical y tiránico del pueblo. Habían hecho creer a nuestras buenas gentes –y son muchas en España– que el Fascismo era algo así como un pronunciamiento a lo siglo XIX.
* * *
Pero las cosas se han precipitado de tal modo que en el ambiente español –y en el ambiente europeo– que la palabra «Fascismo» va teniendo un nuevo sentido, un nuevo sentido salvador, positivo, social y universal.
Hoy Europa –y el mundo– están divididos en tres campos de lucha: el «campo comunista», que desea arrasar con su avalancha, oriental y bárbara, toda una civilización secular, hecha entre lágrimas, heroísmos y sangre; el «campo liberal socialdemócrata», que con sus anticuados órganos de Gobierno (Parlamento, sufragio universal) quiere por un lado contener inútilmente el cataclismo, y por otro, instaurar un iluso equilibrio de fuerzas sociales, a base del mito de «la libertad individual». Y por último, el «campo fascista», que aceptando las masas sociales y los procedimientos de acción directa propios del comunismo, salva con ellos cierta autonomía individual, salva esencias imponderables de la civilización europea, y organiza de nuevo el mundo en una paz equilibrada, en una armonía de Capital y de Trabajo, en un sentido corporativo del Estado.
* * *
Frente al «Comunismo», que todo lo quiere para la «Masa» («todo el poder para el Soviet»), y frente al «Liberalismo», que todo lo quiere para el «individuo», llega el «Fascismo», para integrar estos dos factores en un único cuerpo o «Corporación». La derecha y la izquierda sirven en el Fascismo a un solo cuerpo: «el Estado.» Lo mismo que en el hombre, la derecha y la izquierda le sirven para la lucha del cuerpo y del alma.
Roma, otra vez en la historia, ha resuelto la gran ecuación social. Como en tiempos de César, de San Pablo, de Constantino, de San Agustín, de Santo Tomás, de Campanella, de San Ignacio.
Mussolini tiene ese sentido profundo en la nueva historia del mundo. Siendo socialista, marxista, aportó en su movimiento el «genio de Oriente», comunista, y admitió las masas al Poder. Pero siendo también europeo, aceptó la función de la «iniciativa privada», del capital, y la libertad, para que las masas pudieran moverse.
Es hora ya de decir que el Fascismo, consecuencia de la Revolución rusa, es el triunfo de lo social: nacionalizado, universalizado, racionalizado.
Ni Oriente ni Occidente, sino lo universal, lo ecuménico. Ni Moscú ni Ginebra: Roma.
Por eso los que visitan Italia, tras diez años de este régimen tan nuevo y tan antiguo, tan moderno y tan tradicional, observan que el secreto y el sentido del Fascismo es «fundamentalmente social».
El Capital no ha sido aplastado por la Masa. Sino controlado por el Estado, para que sirva a la Masa, a los humildes. El trabajador en el régimen fascista, lo es todo. Es el auténtico régimen de los «trabajadores». Los trabajadores en el Fascismo han ascendido a primera clase social. Todo está en el Fascismo, en vista de la producción nacional.
Y el trabajador, ascendido a primate histórico, ha dejado de ser proletario. Y es patriota, y es espiritual, y siente ansias nobles de expansión y de dominio, de gloria.
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La Historia se repite porque es siempre la misma. Antiguamente se decía: «Todos los caminos llevan a Roma.» Hoy lo podemos repetir. Sobre todo, los pueblos que nacimos del genio romano. Y es porque Roma, con el Fascismo, ha encontrado de nuevo la «solución de la Historia», la salvación de Europa, el «sentido de lo social».

jueves, 26 de octubre de 2017

LA CAMISA NEGRA 1915 - 1931



1915-1931

La Camisa Negra


En las horas maduras de 1915 algún joven español perplejo hubo de preguntarse su futuro. Entonces iba Italia a seguir a D'Annunzio; al tuberculoso Corridoni; a Mussolini, el socialista. Una sangre popular y noble empapaba el hálito de la nación. La antigua sangre garibaldina de Bruno Garibaldi, el voluntario muerto en el frente francés, era un ansia de guerra, un alarido de venganza.
La multitud legendaria y exasperada ondeó por el foro romano la camisa del héroe. La roja camisa de la unidad y luego del martirio. Cada mártir traía un testimonio de virtudes y una pasión de ejemplos para la Europa endomingada de la neutralidad. Esa Europa cobarde de los mercachifles y el marxismo, cuyo pecado fue ofrecer a la pugna sacra y varonil del mundo, o su pedantería derrotista, o se negocio infame.
El español sin zoco ni materialismo histórico, el español ingenuo y genuino de una tradición de contiendas civiles y universales, ese español leía en el primer número y en la primera página, en el atrio remoto ya de una revista de 1915, un artículo preliminar de Ortega y Gasset: «La camisa roja».
Era la camisa de Bruno Garibaldi, la roja camisa interventora, desplegada también aquí –dentro de ESPAÑA– por el capitán de una generación sincrónica de la italiana. (Los cincuenta años redondos de Mussolini. El medio siglo espectador del profesor Ortega.) Ortega proclamaba: «Y hoy, cuando llega la hora, ya inminente, de entrar Italia en la guerra absoluta, en la guerra definitiva, vamos a sentir con evidencia aterradora que somos una nación descamisada.» Y más adelante: «Desde el momento en que Italia apareció desintegrada de la Triple Alianza, debemos fijar en ella los ojos. Toda una nueva política comenzó entonces a ser posible. Acaso la única posible.»
Detrás del trapo rojo del legionario itálico, su patria desemboca en Vittorio Veneto. Después en la negra camisa del fascismo: «la nueva política posible, la única posible.»
La ambición belicosa de la revista ESPAÑA fracasaba pacíficamente. Se nos escamoteó la coyuntura del peligro, el trance del combate y de la gloria, cuando la metralla hubiera sido el mejor cirujano de hierro de Costa. La agitación de ESPAÑA se desleía en algo frígido y aséptico, como los muebles de pino inglés de la Institución Libre o el «humanismo» socialista de nuestro partido obrero. (Ante la divinidad o lo demónico, lo humano –nunca el hombre– es una cosa helada.) Quisieron el triunfo sin ganarlo, y su poca gana no pudo siquiera imponer la intervención a Dato –a Dato le asesinaron los sindicalistas–. La embestida de España frente a la tela carmesí permanecía inédita. El viejo toro ibérico era todo cuernos y resignación, cornucopia florida de Museo.
Pero en abril de 1931, la gente pusilánime –ni vencedora ni vencida– del año 15 recolecta por sorpresa el Poder. Ministros son sus redactores y colaboradores: Azaña, De los Ríos, Albornoz, Domingo, Zulueta. Embajadores son Canedo, Pérez de Ayala, Araquistáin... El mismo Casares Quiroga fue el oscuro corresponsal provinciano en «A Cruña» de la revista ESPAÑA.
El centenar de diputados socialistas es casi análogo en su sentido y cifra a los 156 diputados rojos de la Italia de 1920. La España neutral produce como un hongo insólito las setas venenosas de la postguerra. La historia convulsiva y explicable de quien acaba de disparar su arma –utopías marxistas, 1917-1918: Hungría, Alemania, Rusia– es la parodia hoy, entre cándida y cínica, de este país inerme, zarrapastroso, maniatado, descamisado todavía.
Nosotros le ofrecemos la armadura compacta y juvenil de una camisa negra. El luto de una pena antiquísima, el porvenir de una ilusión enorme. Tendrá que pelear esta batalla la mocedad valerosa de España. Tendrá que decidirse de una vez para siempre por una guerra auténtica. Con sus cruces sobre los caídos. Y sus himnos de júbilo adelante del éxito. La trinchera fascista nos espera ansiosa. Vayamos antes que presenciemos la mascarada o la felonía de aprovecharse del fascismo, sin haberlo logrado palmo a palmo, muerto a muerto, victoria a victoria. Hasta imponer a la anarquía y a la vesania nacionales una hercúlea camisa de fuerza. Nuestra camisa negra.


martes, 24 de octubre de 2017

DISTINGOS NECESARIOS


EL FASCIO NO ES UN RÉGIMEN ESPORÁDICO
José Antonio Primo de Rivera 
Los que, refiriéndose a Italia, creen que el fascismo está ligado a la vida de Mussolini, no saben lo que es fascismo ni se han molestado en averiguar lo que supone la organización corporativa. El Estado fascista, que debe tanto a la firme voluntad del Duce, sobrevivirá a su inspirador, porque constituye una organización inconmovible y robusta.

Lo que pasó en la Dictadura española es que ella misma limitó constantemente su vida y apareció siempre, por propia voluntad, como un Gobierno de temporal cauterio. No hay, pues, que creer, no hay siquiera que pensar, que nosotros perseguimos la implantación de un nuevo ensayo dictatorial, pese a las excelencias del que conocimos. Lo que buscamos nosotros es la conquista plena y definitiva del Estado, no para unos años, sino para siempre.
Los últimos partidarios de la democracia, fracasada y en crisis, procuran, con la mala intención que es de suponer y en defensa de los reductos agrietados, llevar el confusionismo al pensamiento de las gentes. Estamos aquí nosotros para impedir el engaño de todos los que no quieran dejarse engañar. Nosotros no propugnamos una dictadura que logre el calafateo del barco que se hunde, que remedie el mal una temporada y que suponga sólo una solución de continuidad en los sistemas y en las prácticas del ruinoso liberalismo. Vamos, por el contrario, a una organización nacional permanente, a un Estado fuerte, reciamente español, con un Poder ejecutivo que gobierne y una Cámara corporativa que encarne las verdaderas realidades nacionales. Que no abogamos por la transitoriedad de una dictadura, sino por el establecimento y la permanencia de un sistema.
El distingo es muy importante, y no hay que olvidarlo.

lunes, 23 de octubre de 2017

HACIA UN NUEVO ESTADO. El Fascio, Madrid 16 de marzo de 1933

HACIA UN NUEVO ESTADO
José- Antonio Primo de Rivera

El Estado liberal no cree en nada, ni siquiera en su destino propio, ni siquiera en sí mismo. El Estado liberal permite que todo se ponga en duda, incluso la conveniencia de que él mismo exista.
Para el gobernante liberal, tan lícita es la doctrina de que el Estado debe subsistir, como la de que el Estado debe ser destruído. Es decir, que puesto a la cabeza de un Estado «hecho», no cree ni siquiera en la bondad, en la justicia, en la conveniencia del Estado ese. Tal un capitán de navío que no estuviera seguro de si es mejor la arribada o el naufragio. La actitud liberal es una manera de «tomar a broma» el propio destino; con ella es lícito encaramarse a los puestos de mando sin creer siquiera en que debe haber puestos de mando, ni sentir que obliguen a nada, ni aun a defenderlos.
Sólo hay una limitación: la ley. Eso sí: puede intentarse la destrucción de todo lo existente, pero sin salirse de las formas legales. Ahora que, ¿qué es la ley? Tampoco ninguna unidad permanente; tampoco ningún concepto referido a principios constantes. La ley es la expresión de la voluntad soberana del pueblo; prácticamente, de la mayoría electoral.
De ahí dos notas:
Primera. La Ley –el Derecho– no se justifica para el liberalismo por su «fin», sino por su «origen». Las escuelas que persiguen como meta permanente el bien público consideran buena ley la que se pone al servicio de tal fin. Y mala ley, la promulgue quien la promulgue, la que se aparta de tal fin. La escuela democrática –y la democracia es la forma en que se siente mejor expresado el pensamiento liberal– estima que una ley es buena y legítima si ha logrado la aquiescencia de la mayoría de los sufragios, así contenga en sus preceptos las atrocidades mayores.
Segunda. Lo justo para el liberalismo no es una categoría de razón, sino un producto de voluntad. No hay nada justo por sí mismo. Falta una norma de valoración a que referir, para aquilatar su justicia, cada precepto que se promulgue. Basta con recontar los votos que lo abonen.
Todo ello se expresa en una sola frase: «El pueblo es soberano». Soberano; es decir, investido de la virtud de autojustificar sus decisiones. Las decisiones del pueblo son buenas por el hecho solo de ser suyas. Los teóricos del absolutismo real habían dicho: «Quod principi placuit legem habet vigorem.» Había de llegar un momento en que los teóricos de la Democracia dijeran: «Hace falta que haya en las sociedades cierta autoridad que no necesite tener razón para validar sus actos; esta autoridad no está más que en el pueblo.» Son palabras de Jurien, uno de los precursores de Rousseau.
Libertad, Igualdad, Fraternidad
El Estado Liberal –el Estado sin fe, encogido de hombros– escribe en el frontispicio de su templo tres bellas palabras: «Libertad, Igualdad, Fraternidad.» Pero bajo su signo no florece ninguna de las tres.
La Libertad no puede vivir sino al amparo de un principio fuerte, permanente. Cuando los principios cambian con los vaivenes de la opinión, sólo hay libertad para los acordes con la mayoría. Las minorías están llamadas a sufrir y callar. Todavía bajo los tiranos medievales quedaba a las víctimas el consuelo de saberse tiranizadas. El tirano podría oprimir, pero los materialmente oprimidos no dejaban por eso de tener razón contra el tirano. Sobre las cabezas de tiranos y súbditos estaban escritas palabras eternas, que daban a cada cual su razón. Bajo el Estado democrático, no: la ley –no el Estado, sino la ley, voluntad presunta de los más– «tiene siempre razón». Así, el oprimido, sobre serlo, puede ser tachado de díscolo peligroso si moteja de injusta a la ley. Ni esa libertad le queda.
Por eso ha tachado Duguit de «error nefasto» la creencia en que un pueblo ha conquistado su libertad el día mismo en que proclama el dogma de la soberanía nacional y acepta la universalidad del sufragio. ¡Cuidado –dice– con substituir el absolutismo monárquico por el absolutismo democrático! Hay que tomar contra el despotismo de las asambleas populares precauciones más enérgicas quizá que las establecidas contra el despotismo de los Reyes. «Una cosa injusta sigue siéndolo, aunque sea ordenada por el pueblo y sus representantes, igual que si hubiera sido ordenada por un Príncipe. Con el dogma de la soberanía popular hay demasiada inclinación a olvidarlo.»
Así concluye la libertad bajo el imperio de las mayorías. Y la Igualdad. Por de pronto, no hay igualdad entre el partido dominante, que legisla a su gusto, y el resto de los ciudadanos, que lo soporta. Más todavía, produce el Estado liberal una desigualdad más profunda: la económica. Puestos, teóricamente, el obrero y el capitalista en la misma situación de libertad para contratar el trabajo, el obrero acaba por ser esclavizado al capitalista. Claro que éste no obliga a aquél a aceptar por la fuerza unas condiciones de trabajo; pero le sitia por hambre: le brinda unas ofertas que, en teoría, el obrero es libre de rechazar; pero si las rechaza, no come, y al cabo tiene que aceptarla. Así trajo el liberalismo la acumulación de capitales y la proletarización de masas enormes. Para defensa de los oprimidos por la tiranía económica de los poderosos hubo de ponerse en movimiento algo tan antiliberal como es el socialismo.
Y por último, se rompe en pedazos la Fraternidad. Como el sistema democrático funciona sobre el régimen de mayorías, es preciso, si se quiere triunfar dentro de él, ganar la mayoría a toda costa. Cualesquiera armas son lícitas para el propósito; si con ello se logra arrancar unos votos al adversario, bien está difamarle, calumniarle y deformar de mala fe sus palabras. Para que haya minoría y mayoría tiene que haber por necesidad «división». Para disgregar al partido contrario tiene que haber por necesidad «odio». División y odio son incompatibles con la fraternidad. Y así los miembros de un mismo pueblo dejan de sentirse integrantes de un todo superior, de una alta unidad histórica que a todos los abraza. El patrio solar se convierte en mero campo de lucha, donde procuran despedazarse dos –o muchos– bandos contendientes, cada uno de los cuales recibe la consigna de una voz sectaria, mientras la voz entrañable de la tierra común, que debiera hermanarlos a todos, parece haber enmudecido.
Las aspiraciones del nuevo Estado
Todas las aspiraciones del nuevo Estado podrían resumirse en una palabra: «unidad». La Patria es una totalidad histórica, donde todos nos fundimos, superior a cada uno de nosotros y a cada uno de nuestros grupos. En homenaje a esa unidad han de plegarse clases e individuos. Y la construcción del Estado deberá apoyarse en estos dos principios:
Primero. En cuanto a su «fin», el Estado habrá de ser instrumento puesto al servicio de aquella unidad, en la que tiene que creer. Nada que se oponga a tal entrañable, trascendente unidad, debe ser recibido como bueno, sean muchos o pocos quienes lo proclamen.
Segundo. En cuanto a su «forma», el Estado no puede asentarse sobre un régimen de lucha interior, sino sobre un régimen de honda solidaridad nacional, de cooperación animosa y fraterna. La lucha de clases, la pugna enconada de partidos, son incompatibles con la misión del Estado.
La edificación de una nueva política, en que ambos principios se compaginen, es la tarea que ha asignado la Historia a la generación de nuestro tiempo.

sábado, 21 de octubre de 2017

EL FASCIO


PRIMER Y ÚNICO NÚMERO DE "EL FASCIO", 16 DE MARZO DE 1933



EL FASCIO, DEL QUE SÓLO APARECIÓ UN NÚMERO SECUESTRADO CASI DE INMEDIATO POR LA POLICÍA, EL 26 DE MARZO DE 1933, tuvo un lugar significativo en la definición de posiciones ideológicas durante la segunda República española.

Periódico político de vida efímera –sólo apareció un número, que además apenas pudo ser difundido al ser retirado por la policía de la República– que se publicó en Madrid el jueves 16 de marzo de 1933 (fecha coincidente, no por azar, con el tercer aniversario del fallecimiento del General Primo de Rivera), que ocupa sin embargo un lugar significativo en la definición de posiciones ideológicas durante la segunda República española. Tras el triunfo democrático de Hitler en Alemania el 30 de enero de 1933, en ambientes conservadores que habían estado cercanos al poder durante la dictadura de Primo de Rivera pareció llegado el momento de ensayar la posibilidad de un partido fascista en España, que podría ser capitaneado por el hijo del dictador, José Antonio Primo de Rivera, Marqués de Estella. El encargado de poner en marcha El Fascio. Haz hispano, globo sonda de tal proyecto, fue el periodista y político Manuel Delgado Barreto: nacido en La Laguna en 1879, diputado por Canarias, fundador de El Mentidero, semanario que llegó a ser muy popular, y en 1916 de La Acción, diario cercano a Maura que dirigió durante ocho años hasta su desaparición en 1924, en el que más de una vez se había reclamado la necesidad de un «fascismo a la española». Delgado Barreto era director desde 1925 de La Nación –diario que había ejercido de portavoz oficioso durante la dictadura y del que era accionista José Antonio– y también responsable de los semanarios Gracia y Justicia. Organo extremista del humorismo nacional y de Bromas y Veras (el 23 de febrero de 1933 podía allí leerse: «El fascismo es la conjunción de todos los que sienten los dolores de la Patria y quieren remediarlos. De esa conjunción surgirá el caudillo que conduzca a las masas populares a la victoria»).
La aparición de El Fascio fue precedida por una potente campaña publicitaria, sobre todo desde La Nación, por lo que los pedidos en firme de toda España antes de que apareciese el primer número rebasaban al parecer los 130.000 ejemplares. El Gobierno de Manuel Azaña, el PSOE y la UGT procuraron evitar su difusión: la Guardia de Asalto requisó ejemplares de El Fascio en la imprenta de La Nación, los vendedores acordaron el boicot, se incautaron ejemplares enviados por correo... y la publicación ulterior del semanario quedó indefinidamente suspendida por la autoridad republicana.
Para organizar la redacción del periódico contó Delgado Barreto con la colaboración de Ernesto Giménez Caballero, quien organizó en su casa una reunión con José Antonio, Julio Ruiz de Alda y Rafael Sánchez Mazas, así como con los jonsistas Ramiro Ledesma Ramos (que acababa de cumplir una condena de dos meses de cárcel por un artículo que había publicado en La Conquista del Estado en 1931) y Juan Aparicio, todos los cuales participaron en el efímero proyecto. José Antonio buscó un prudente segundo plano signando con una E. [abreviatura de su marquesado] el artículo doctrinal, Hacia un nuevo Estado, que ocupa la segunda página, y dejando sin firmar un «distingo necesario»: El fascio no es un régimen esporádico.
El Fascio, Haz hispano representa el primer intento significativo de la voluntad del grupo en torno a José Antonio por absorber el potencial ideológico que alrededor de Ramiro Ledesma se había ido conformando primero en La Conquista del Estado y luego en las JONS: de hecho El Fascio copió el emblema que ya había adoptado el nacional-sindicalismo, convirtiendo en siete las cinco flechas del yugo jonsista.
El único número publicado de El Fascio, Haz hispano ocupó 16 páginas. En la página 2 se advierte: «El Fascio, porque no es un periódico de empresa ni de negocios, sino de ideas, no tendrá número fijo de páginas. Lo mismo publicará 16, 12, que 8 o que 20. Su precio será siempre, a menos que se anuncie extraordinario, el de 15 céntimos, en toda España.» El precio de 15 céntimos era muy económico (25 céntimos costaba en 1931 La Conquista del Estado, 40 céntimos La Gaceta Literaria en 1932, 20 céntimos costaría F.E. a finales de 1933, 2 pesetas [200 céntimos] costaba entonces cada número de la quincenal Acción Española).
En la cabecera de El Fascio figura como dirección de las oficinas: «Av. Pi y Margall, 18»; y el «Apartado de Correos 546» (al que también se remite en las páginas 12, 13 y 15). Este Apartado 546 de Madrid será el mismo que, a partir de diciembre de 1933, figure como dirección postal del periódico F.E., una vez constituida Falange Española en octubre de 1933.
El primer número (y último) de El Fascio contaba ya con más de doce anuncios, que no dejan de tener su significación, tanto por lo que pueden ser posibles patrocinios como por lo que hace al público que se suponía destinatario de tal publicidad comercial: Jabón Chimbo (Bilbao), Cementos y Cales Freixa (Barcelona), Alirón («mucho brillo con poco esfuerzo es el ideal en la limpieza de suelos y muebles...»), Lacoma S.A. («presentará su colección de primavera-verano compuesta por más de 400 modelos de vestidos y sombreros en el té que se celebrará en el Palace Hotel, a las cinco y media de la tarde, el próximo jueves, día 16. Pida su tarjeta...»), Los 13 («la novela semanal de los maestros, publica una originalísima y apasionante novela de El Caballero Audaz...»), Leed Genio de España («de E. Giménez Caballero, un estudio básico sobre el Fascismo como nueva catolicidad del mundo, un libro básico para los fundamentos de un Fascismo español, cinco pesetas, en todas las librerías»), Crowner(«muebles de decoración»), Pedro López («antigüedades y objetos de arte»), La Hernia («sólo puede ser vencida con el vendaje super neo barrere sin palas, único en el mundo»), La Higiénica («Camas, del fabricante al consumidor, las mejores»), Digestónico («El estómago es el manantial de alegría de la vida, cuídelo usted con una buena alimentación y algunas cucharadas de...»), Matías Torija («Joyas, tasaciones autorizadas...»), González Byass (Vinos, manzanillas y «coñac jerezano», Jerez de la Frontera).
Muestra de cómo socialistas y comunistas comenzaban a reconocer beligerancia política al fascismo, tras demostrar los nazis la vía democrática y no revolucionaria por la que habían logrado el poder en Alemania, puede leerse en el comentario publicado en el número de Acción Españolafechado el mismo 16 de marzo de 1933 en el que la Republica burguesa bloqueaba el nuevo periódico:
«Se anuncia la formación de un bloque fascista. Sin decirse hasta ahora los nombres de sus directores ni detallarse sobre su organización, el hecho es que se habla del fascio y que son innumerables las personas que lo esperan con la mayor curiosidad.

Por desconocer, como antes decimos, los nombres de sus organizadores y sus propósitos, no nos es dable, un comentario concreto.

Pero sí podemos decir que la noticia de la aparición del fascio, ha sido un revulsivo para los hombres y la prensa revolucionaria. Resulta curioso observar la metamorfosis que han sufrido los adversarios del fascio, en pocos días. Ante los primeros rumores, parecíó obligado el gesto despreciativo. Nos reimos, decía El Liberal, con carcajada histérica. No faltó la consabida alusión a las camisas, que unos propugnaban porque fueran rosa, y otros porque fueran lila.

Pocos días después, el comentario humorístico es sustituído por unas frases duras y avinagradas. Al fascio hay que negarle la sal y el agua. Hay que matarlo en flor. No podemos consentir –dice un diario– que obtengan libertad para sus propagandas, los que después la niegan en sus programas. En un mismo día dos capitostes del socialismo, amenazan con estrangular al movimiento por la violencia. Los socialistas haremos una represión que será una epopeya, dice un bravucón.

¿Cómo una cosa que hace cuatro días era una cosa ridícula, la esencia de la cursilería, ha podido hacerles descomponer el gesto hasta esos extremos? Esas amenazas ¿no son la revelación del miedo que les inspira la posible aparición del fascio? ¿Por qué no dejar que muera en el ridículo lo que es por esencia ridículo? o ¿por qué no conceder a un organismo político la libertad que conceden al anarquismo, al comunismo, y a la propaganda de tantas aberraciones que son otros tantos delitos?
¿Qué secreto oculta ese fascio, que aun en embrión así atemoriza y desata en sus enemigos la furia y los truenos?
He aquí por qué nace la curiosidad de las gentes.» (Joaquín Arrarás, «Actualidad española», Acción Española, nº 25, 16 de marzo de 1933, páginas 62-63.)
En las Obras completas de José Antonio Primo de Rivera figura recogido el siguiente artículo que se publicó en La Nación el mismo día en que apareció El Fascio:
Una nota de EL FASCIO

Esta mañana, antes de que saliera un solo número a la calle, fue secuestrado por la Policía, sin mandamiento judicial alguno, la edición íntegra de El Fascio.

Trátase de una revista puramente doctrinal, propaladora de ideas que hoy prevalecen en naciones amigas de España y se están abriendo paso en todo el mundo.

No había en nuestro periódico una sola línea en que se aludiera al Gobierno ni se combatiera al régimen, porque El Fascio venía a combatir por algo más grande y permanente: la formación de un nuevo Estado gremial, sindical, corporativo, conciliador de la Producción y del Trabajo y con seriedad bastante en su estructuración y en sus masas para contener el avance de las propagandas y de los procedimientos disolventes que, a nuestro juicio, representa el marxismo en todas sus formas, según se está comprobando, desgraciadamente, en España.

El Fascio declaraba que su preocupación no era el régimen, sino el Estado; porque mientras éste no capte masas que le permitan resistir a las acometidas del internacionalismo sectario, mantener la unidad nacional y proyectar sobre el mundo la recia figura de una España independiente, firmemente organizada para todas las eventualidades defensivas y ofensivas, no tiene derecho a proclamar su consustancialidad con ningún régimen.

El socialismo, por lo que se advierte, ha visto en la predicación de estas doctrinas un enorme peligro para su ya quebrantada situación, que azotan, de una parte, sindicalistas y comunistas, y de otra, elementos conservadores, dentro de la propia República, y acordó, en reunión de sus entidades, que El Fascio no llegara al público, apelando, para impedirlo, a todos los procedimientos.

No necesitaron poner en práctica el acuerdo, porque esta misma madrugada la Policía, tanto en Madrid
como en provincias, se incautó de la copiosísima edición de nuestra revista. 

Cuando las circunstancias nos permitan reproducir este primer número de El Fascio, para cuya publicación se habían cumplido todos los requisitos legales, los españoles juzgarán.

Por ahora, todas las demás apelaciones nos parecen inútiles.
En 1935 Ramiro Ledesma Ramos, en su libro ¿Fascismo en España? (publicado bajo el pseudónimo de Roberto Lanzas), escribe lo siguiente sobre El Fascio:
La aparición de EL FASCIO

Aquí reseñaremos ahora un episodio que tuvo bastante resonancia, y al que le corresponde, naturalmente, en este libro, una alusión en cierto modo amplia. Nos referimos a la aparición de El Fascio, semanario del que no salió más que un número, recogido casi íntegramente por la policía.

El episodio es sintomático; pero en realidad fue una formidable ventaja que el Gobierno suspendiese aquella publicación, que en medio de algunos aciertos suponía para el movimiento nacional una posición falsísima y errónea. (Por ejemplo, su misma denominación, El Fascio, titulo que no tenía por que decir nada al alma española, era la primera contradicción grave.)

La idea de la fundación de El Fascio corresponde íntegra a Delgado Barreto, entonces, y creo que todavía ahora, director de La Nación. Se le ocurrió, naturalmente, a la vista del triunfo de Hitler, cuando la enorme masa española, que comenzaba a estar de uñas con el Gobierno Azaña, asistía con
admiración a las gestas del fascismo alemán.

Delgado Barreto, con su formidable olfato de periodista garduño, vio con claridad que en un momento así, en una atmósfera como aquélla, si un semanario lograba concentrar la atención y el interés de las gentes por el fascismo, tenía asegurada una tirada de 100.000 ejemplares. Barreto no se engañaba en esta apreciación. Era un hombre que no tenía, posiblemente, del fascismo más que ideas muy elementales, y hasta incluso falsas; pero sabía a la perfección el arte de hacer un periódico fascista para el tendero de la esquina, para el hombre de la calle. Lo que es, desde luego, un valor.

Indudablemente, tras de Barreto estaba ya José Antonio Primo de Rivera. No se olviden las relaciones de Delgado Barreto con el general. Y ahora, ante la empresa fascista, operaba de acuerdo con los propósitos políticos del hijo, de José Antonio, que en estas fechas comenzó a soñar con un partido fascista del que él fuese el jefe. No obstante, Delgado Barreto daba ya entonces la sensación de que no le dominaba una fe absoluta en cuanto a la capacidad de José Antonio, y con mucha prudencia eludía jugarlo todo a la carta exclusiva de éste.

Se formó un consejo de redacción, para el que fueron requeridos los jonsistas. Estos se prestaron de malísima gana, porque les horrorizaba verdaderamente el título del periódico y porque no veían garantías de que aquello no se convirtiese en una madriguera reaccionaria. Pero el afán de destacar su labor y de popularizar en lo posible al movimiento jonsista pudo más que todo, y convinieron entrar en aquel Consejo, si bien bajo el compromiso de que ellos, los de las J.O.N.S., redactarían dos planas, que de un modo exclusivo estarían con integridad dedicadas al jonsismo.

El Consejo de redacción, además del director, que era Barreto, lo formaban: Giménez Caballero, Primo de Rivera, Ramiro Ledesma, Sánchez Mazas y Juan Aparicio.
Con anterioridad a su salida, El Fascio fue profusamente anunciado. Ello hacía que pudieran percibirse las reacciones de la gente, y también que aumentasen de día en día los pedidos de los corresponsales, que a última hora rebasaban los 130.000 ejemplares.

El Gobierno asistía con bastante inquietud a esta realidad. Pero más aún que el Gobierno, los socialistas, a quienes una salida así, descarada y desnuda, de un periódico fascista, al mes y medio escaso de ser batida por Hitler la socialdemocracia alemana, les parecía intolerable.
Al mismo ritmo que aumentaba la expectación de la gente crecía la inquietud del Gobierno, que se disponía a movilizar su aparato policiaco.

En esto, de modo apresurado y espectacular, se reunieron las directivas del partido socialista y de la U.G.T. El acuerdo consistió en anunciar que ambas organizaciones se disponían por sí, y con todas sus fuerzas, a impedir la publicación y venta de El Fascio, si las autoridades no se adelantaban a suspenderlo gubernativamente.

El periódico estaba listo y se disponía a arrostrar cualquier vendaval. Desde luego, y después de la actitud coactiva de los socialistas, era segura la intervención del Gobierno, y muy probable el encarcelamiento de los redactores más destacados. El día antes de la salida no faltaba más que el artículo de Sánchez Mazas, hombre al parecer no muy provisto de heroísmo, que, ante la inclemencia del temporal, con diversas excusas, no escribió el artículo y se fue a pasar el día fatídico a El Escorial.
Giménez Caballero hizo todo un plan programático de bastante interés, si bien quizá demasiado severo, intelectual y seco. Primo de Rivera escribió un artículo teórico contra el Estado liberal, que firmó con la inicial E. Ledesma y Aparicio llenaron las dos planas jonsistas. Y Barreto, periodista fecundo, escribió innumerables cuartillas haciendo llamamientos, perfilando la futura organización, etc.

El Fascio apareció el día 16 de marzo y sólo pudo venderse en un corto número de poblaciones. Fue rigurosamente recogido por la policía. En Madrid se incautó de una camioneta con más de 40.000 ejemplares.

Repitamos que fue una gran ventaja que la aventura de El Fascio terminase apenas nacida. Se iba desde él a una segunda edición del antiguo upetismo, que, naturalmente, para quienes representaban un sentido nuevo, nacional-sindicalista y revolucionario, hubiera significado el mayor de los contratiempos.

Hubiera representado, asimismo, la renuncia a hacer del movimiento una cosa propia, una cosa de la juventud nacional, con su doctrina, su táctica y sus propósitos, en absoluto desligados de la carroña pasadista y superviviente.

Los jonsistas, a la vista de aquella gente, y después de alegrarse de la suspensión, volvieron a sus tiendas, pues comenzaba para ellos su mejor etapa, la que los convirtió en señaladores y orientadores innegables del nuevo movimiento.

Por primera vez conocieron entonces a Primo de Rivera, del que justo es decir no se mostraba tampoco muy conforme con aquella virgolancia de El Fascio, pues aunque nada provisto de cualidades de caudillo, es hombre inteligente y de buen sentido. En aquella ocasión, como luego en muchas otras, se dejaba, sin embargo, llevar.

domingo, 9 de abril de 2017

DONALD TRUMP, EL LOBO

“Erase una vez un pastor que por broma, alertaba a toda la aldea diciendo que le atacaba un lobo. Tanta veces se burló de los aldeanos que una vez que vino el lobo, nadie hizo casos de sus gritos de socorro y el lobo se lo comió”

¿ ES DONALD TRUMP EL LOBO DEL PASTOR, EL DE CAPERUCITA O EL LOBO FEROZ ?

A los estadounidenses los conocemos poco. Tienen una superficie de más de  nueve millones cuatrocientos mil kilómetros cuadrados, dividida en 54 estados, y Europa, incluyendo Rusia, tiene  diez millones quinientos mil kilómetros cuadrados, dividida en tantos estados según temporada.  Decir que conocemos Europa porque hemos estado en Suecia y en Grecia sería un disparate risible. Pues más o menos decir que conocemos a los Estados Unidos porque hemos conocido Nueva Jersey y Los Ángeles es otro disparate.

Conocemos algo Europa, un poquito más si hemos viajado, pero en cuanto nos preguntan por sistemas de gobierno, economía, costumbres y políticas sociales o sanitarias, no sabemos nada. Pero sí lo sabemos “todo” de los Estados Unidos gracias a las películas que hemos visto y a los telediarios que nos hemos embutido: en Florida  están los manglares llenos de cocodrilos, en la Vegas hay muchos casinos y un desierto lleno de cadáveres enterrados; los simpáticos mormones están en Utah. Está Nueva York con sus calles llenas de sintecho y el Estado de Washington, muy allá, al noroeste), pero no es la capital que se llama igual pero que está en distrito Columbia . Conocemos Los Ángeles por los “Vigilantes de la playa” y San Francisco la del terremoto aquel; por la prensa sabemos que vivir allí es peligrosísimo: cada dos por tres sale un loco con un lanzallamas o un fusil de asalto y se carga a cien o doscientas personas y que la policía siempre dispara a matar sin previo aviso, por aquello de más vale prevenir que curar. Con eso, ya “conocemos” a los Estados Unidos. Vale.

Los Estados Unidos son mucho más complicados: es una federación de estados, cada uno con sus autoridades y leyes, con sus costumbres y sus rarezas, con sus encantos y sus monstruosidades, dónde todo cristo puede hacer lo que le da la gana – sin pedir permiso a nadie – mientras no quebrante la ley; porque entonces, si la quebranta, Dios le coja confesado. Pero sobre todo tienen algo maravilloso y que nos da celos a muchísimas personas honradas: son una NACIÓN de patriotas, donde la bandera de la Unión ondea no ya en los edificios oficiales  sino casi, casi en cada hogar. Eso es más definitorio de los estadounidenses. Si de verdad los conociéramos veríamos que todos son como todos debiéramos ser en cualquier lugar: gente sencilla, trabajadora, que persiguen la american way of life  y que está harta de los políticos de medio pelo, chupasangres y buenistas al mismo tiempo, que en vez de coger el toro por los cuernos siempre se limitan a condenar, amenazar y pedir sanciones en política exterior y dudar en todo lo que exija una actuación enérgica en lo interior. Salvando las distancias los presidentes de tipo Obama o la candidata Clinton (¡Una presidenciable que se desmaya!)   me recuerdan a nuestro inútil  y cobarde presidente Rajoy que hasta para orinar necesita un aval del Constitucional;  han colmado la paciencia de ese americano medio que no sale en la tele, ni es noticia, pero es la auténtica nación estadounidense.

Por eso Trump, con el estilo bronco, directo, duro, grosero y de puño de peso pesado, 
cae muy bien a esos estadounidenses de la clase obrera y campesina, la clase media de las ciudades, hartos del melindre de sus demócratas. Les recuerda a los primeros colonos que hicieron grande América cuando la epopeya  de la conquista del oeste. Su acción definitiva ha sido demostrar quién manda y lanzar un ataque de verdad, a cañonazo limpio,  a los sirios. Trump ha demostrado a todos sus compatriotas que él es el que domina. Ahora Trump se ha ganado al norteamericano medio, que está harto de los emigrantes clandestinos, de la inseguridad de las calles, de las críticas de sus “aliados” que bien saben pedir ayuda cuando la necesitan.

No entro desde luego en la moralidad, ética, derechos humanos, etc. de esto. Es, se quiera o no, harina de otro costal. Pero es cierto que con todo ese buenismo (del que lamentablemente tenemos múltiples ejemplos en España) no se va a ninguna parte. No sé si Trump será bueno para sus compatriotas, creo que sí. No creo que será bueno para la OTAN, UE, OEA, UME, etc,  etc,  etc.: como cumpla con lo que ha amenazado, ya veremos qué pasa con la OTAN, en la que sólo funcionan Alemania y Francia... (Gran Bretaña no se mancha nunca el chaqué).


Creo que los estadounidenses van a tener Trump para rato. Mejor para ellos, no sé si para los demás. Ya saben el dicho: cuando América estornuda, Europa se constipa.

viernes, 3 de marzo de 2017

LGTB: TRAGEDIA DETRÁS DE UN ACRÓNIMO

           El dichoso autobusito ese de una asociación que está en contra de las ideas actuales sobre si tal o cual género - cuya estética, con exclusión de su contenido, es penosísima - le ha hecho más propaganda a las ideas de esa asociación que si hubiera dado una serie de garbeos por los madriles y provincias. Otra. El affaire de los carnavales de las Canarias, no tanto por la blasfemia sino más por el horripilante disfraz y el infatúo maquillaje de la ganadora. ¿No se da nadie cuenta, ni los mismo afectados, que están banalizando esperpénticamente una tragedia real?

         El asunto de los LGBT está dando que hablar mucho por fas o por nefas. La analfabeta progresía casposa lo usa para sus fines políticos apoyando al movimiento aunque en realidad les importe poco. (Quién quiera  puede repasar lo que hacían los regímenes comunistas o el nacionalsocialismo con ellos, y a quién le importaba). El centro y la derecha se suman para que no se les tilde de fascistas pero en absoluto porque este colectivo les importe nada; cuando fueron víctimas  también de los campos de exterminio, como los gitanos y otras minorías étnicas o socialmente rechazadas, nadie se acordó entonces ni se ha acordado nunca de ellos; ut dicitur, sólo sufrieron los judíos. Mas ahora hasta nuestro  rey los ha recibido en su primera audiencia, nada menos, para hacerse la foto de “progre”, que no se diga que nuestra ejemplar monarquía tiene fobias.

         En el fondo me parece que a la mayoría de “gente de bien” les importa poco estas personas. Si, personas: Pedro, María, Arantxa, Vicente o la Josefina que antes fue José. Detrás de las siglas del movimiento Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales hay unas personas,  cada una con un  drama e incluso una tragedia detrás. Pero mucha gente no se ha enterado.  Ese es el meollo de la cuestión. Que son personas, individuos, no una masa amorfa como indican esas siglas.

         Los folklóricos se visten provocativamente en su día, en los carnavales, todo cristo se hace con su banderita o su lacito, no sea que le tachen de homófobo, el peor delito actual. Pero, incluyendo a estos, ¿alguien sabe – ni aproximadamente - qué número hay de lesbianas, homosexuales, bisexuales o transexuales que día a día sufren vejaciones por su condición? No, que van a saberlo, sólo cuentan los que se disfrazan. A cuantos gais y lesbianas que quieren vivir discretamente , porque cada cual tiene derecho a su privacidad, he oído maldecir esas exhibiciones que no sólo logran que les sigan despreciando, sino que además se rían de ellos. Dicen que detrás de cada payaso – que hace reír, que es muy guay - hay una tragedia, y es cierto; detrás de cada lgbt también la hay; lo que pasa es que los demás sólo vemos la folklorada. Triste.

         Precisamente a la progresía casposa le interesa sólo la folklorada, porque  simulan que hacen mucho por toda esta gente y que ahora todo van a ser bendiciones para ellos. Banderas arcoíris y moradas al viento... Mentira. La sociedad española no ha cambiado, ni va a cambiar de la noche a la mañana: lleva un poso de siglos. Ahora  algunos tienen un pensamiento más abierto, pero “hasta aquí hemos llegado”. No creo que ninguno de esos progres de pacotilla les importe un comino solucionar el problema y menos ayudar a los que lo sufren... Estas personas sobrellevan día a día, en la mayoría de los casos, burlas, acosos, desprecios, abusos de compañeros de trabajo, incluso familiares o “amigos”.

         ¿La realidad? Es tan trágica como simple.

         Hazte esta reflexión: Naciste y eras un niño precioso, como todos las recién nacidos. Te fueron vistiendo con colores azules, te dieron cochecitos y camiones  para jugar, soldados de plomo; más adelante un balón de fútbol, unos guantes de boxeo; pero algo no iba bien, primero en casa: te gustaban más las muñequitas o las cocinitas de tu hermana, tus padres se extrañaban, pero poco más. Fuiste al colegio y allí también se dieron cuenta de que eras un niño “raro”; cuando entraste en la pubertad y luego en la adolescencia la cosa se puso fea: eras un marica. Tópica y típica explicación. Pero no, no eres un marica: descubres antes o después, a veces muy después, demasiado después incluso, que la naturaleza, por un error cromosómico, te ha gastado una “broma”, una maldita “broma”: ha recluido toda tu la carga genética, todo lo que hace de ti un ser humano, una niña única e irrepetible ...  ¡en un cuerpo de niño, el tuyo!  

         O viceversa: Naciste y eras una niña preciosa. Te fueron vistiendo con colores rosa: te regalaban muñecas, cocinitas... pero algo no iba bien, te gustaban más los balones de tu hermano, sus guantes de juguete de boxeo...  tu ibas a jugar con los niños, al futbol, a pegarte con ellos porque no te aceptaban, vestías ropa de chico, pelo de chico; al final lograste un puesto en la peña de chicazos, aunque eso sí: para todos eras, al fin y al cabo una niña, pero una niña (luego una joven)  marimacho. Después, también puede que demasiado después, te diste cuenta que la naturaleza te había dado todas las características mentales, psíquicas, sensibles de un niño; pero – repitamos lo que ya hemos dicho -  te enclaustró para siempre en el cuerpo de una niña. 

        Nadie que haya padecido o vivido muy de cerca estos dramas  sabe la tragedia que día a día ahoga a ese niño o a esa niña. Y en la época en la que deben recibir todo su sano desarrollo físico y psíquico.

         En los colegios, no digamos e los internados, cuando a un chico le colgaban el sambenito de marica o a una chica de tortillera – fuera verdad o no, eso las más de las veces se “sabía” - su destino de años de ostracismo estaba marcado; nadie le hablaba, nadie comía en su mesa si podía, nadie se sentaba en la capilla en su mismo banco; por lo demás burlas, agresiones pequeñas, pero constantes... Ese era el pan nuestro de cada día; de ello por desgracia de haberlo visto demasiadas veces, doy fe.

         Es fácil recurrir al mito de que la medicina ha avanzado mucho, que se puede hacer un cambio de género, todo es cuestión de cirugía y hormonas... Así de fácil, como un trasplante de riñón.  Son tratamientos muchas veces imposible, costosisimos, a veces inútiles. Y se pretende, además, que todos – toda la sociedad – lo acepte como algo normal como acepta que hayan trasplantes de órganos. El sufrimiento mental y a veces también somático de estas personas seguirá siendo durísimo, porque en muchísimos casos eso es sólo una utopía y tendrán que cargar con su cuerpo toda su vida. Σωμα ηστiς  σiμα,  "El cuerpo es una cárcel", que ya dijera Platón hace más de dos mil años

         Hace no muchas décadas, cuando ni se pensaba en estos temas, las tragedias se producían igual; nada sabemos ni de hechos ni de consecuencias. Hay una excelente película española de 1972, “Mi querida señorita” – nominada para el Oscar a la mejor película en lengua no inglesa – dirigida por Jaime de Armiñán e interpretada magistralmente por José-Luis López Vázquez,  Julieta Serrano y Antonio Ferrandis que trata, exquisita pero no por ello superficialmente, este drama vivido en una dama solterona de provincias que descubre accidentalmente que siempre ha sido un hombre.  La elegancia de Armiñán consiguió que esta película, que fue un acontecimiento en su época, pasara indemne por la censura. Yo la recomiendo vivamente a quién le interese este tema y/o desee ver un excelente film.

         Hay que preocuparse más de todas estas personas que son discriminadas sin que ninguna haya de ir por ahí luciendo una insignia o una bandera que venga a decir  "Tengo mis derechos como cualquier persona". Nuestros políticos de patio de Monipodio se creen que con una cuantas leyes ridículas ya está todo solucionado...  No se puede creer en serio que por una lecciones en la escuela, mal dadas por gente totalmente ignara, por unos carteles además de estética de los años veinte, se va a conseguir que un chico transexual se vista como una mujer – y viceversa – y se le acepte como de toda la vida.


         Si se soluciona este problema de manera que el hecho de tomar una cañas con un transexual tenga la misma importancia que tomarlas con un señor de bigote o una rubia despampanante sin preocuparnos si ha cambiado de sexo o de género, ese día seremos todos iguales, y LGTB se habrá disuelto como un azucarillo. Pero eso sólo se logra a base de educar a las personas y aplicar la misma ley a todo quisque. Y para eso no hacen falta ni leyes ad hoc ni juzgados y tribunales de excepción. Ni carteles, ni disfraces, ni autobuses. Sólo hace falta que todo esto pase a ser historia, un mal recuerdo.

sábado, 25 de febrero de 2017

LA ESTATUA DE LA JUSTICIA HECHA AÑICOS.

IUS SUM QUOQUE NON TRIBUERE

            Hace años, bastantes, recién estrenado este malhadado régimen, al  alcalde entonces de Cádiz D. Pedro Pacheco (mira qué casualidad el nombre) se le ocurrió decir que la justicia en este país era un cachondeo. Como por aquel entonces no se reconocían todavía ciertos derechos, fue juzgado y condenado, creo que sólo a una multa. Pero como ejemplo basta un botón. No sé si este señor vive aún, espero que sí, y creo que si opinara ahora diría cosas bastante más fuertes.
  
          Siempre digo que me libre Dios de escribir sobre este país con  el que poco me siento identificado. Pero visto lo visto no queda otra. Ese atributo divino cuya representación en esta civilización es una dama con los ojos vendados que sujeta una con la mano izquierda una balanza de cruz, con los platillos exactamente equilibrados y con la mano de derecha una espada de doble filo, es definido por  el Derecho romano – cuna del derecho contemporáneo -  Ius sum quoque tribuere. El Derecho consiste en dar a cada uno lo que le corresponde. Hasta aquí, todo siempre ha estado claro, en todos los países de civilización romana o influidos por ella.
          
Pero la venda que cegaba a la Justicia para que todo ser humano fuera igual para ella, ha caído. La balanza, que sopesaba por igual las razones de los justiciandos,  se ha inclinado de uno de sus lados  prostituida su pureza. La espada,  mano de la justicia que cae implacable sobre quien es declarado merecedor de su filo, se ha tornado espada de madera como las que usan los niños para no lastimarse. 

            Todos lo hemos visto y también todos lo hemos sufrido. El honor de España, la honorabilidad del pueblo español reconocida en todo el mundo, ha padecido al deformarse uno de los pilares que la han sostenido por siglos, hasta hace unos días, unas horas.

            O España se regenera o vale más que se disuelva como un azucarillo, y sus restos – si tienen fuerzas – formen otros Estados. Hasta ahora, hubiéramos podido morir con dignidad, pero hemos acabado cubiertos de heces, detrás del último de su estirpe.

             José Antonio – el fundador de Falange - nos dejó escrito que España se daría el régimen político que más le conviniera, una vez triunfase la revolución nacionalsindicalista. En la década de los cuarenta y cincuenta del siglo pasado circulaba entre los jóvenes falangistas (y otros) unas cancioncillas que no reproduzco, referidas a no sé qué coronas, cartones y uralitas. Estaba claro que ni el régimen monárquico ni el republicano gozaban de la más mínima simpatía. El monárquico porque había traído la ruina de España con la vergonzosa huida del último rey y el republicano porque era rojo por antonomasia.  El color gris no se usaba entonces, sólo el negro o el blanco, y, en similar orden de cosas, el rojo o el azul. Y el “ de colores es el arco iris..” que si alguno de los despistados que me lean recuerdan los cursillos de cristiandad sabrán de qué color hablo.

            Pero las opiniones son variopintas, sobre todo cuando sólo se puede opinar lo que te mandan, y las tornas variaron en los años sesenta. Tras dos décadas de no saber de qué iba el país, y ya que se estaba produciendo un resurgir económico, había que poner las cosas en orden para el día de mañana; cierto que el mañana quedaba muy lejos (no tanto: llegó menos de quince años) pero cara a la galería de voyeurs de las potencias occidentales convenía dar un baño de purpurina a las instituciones, previo al pan de oro que ya se vería si se aplicaba o no. Y como quién pudo hacerlo lo hizo, hete aquí que el Estado Español – que era su nombre oficial – se convirtió en reino. Y quién podía pasó a tener un cargo más: regente del reino.

            Mas el rey ¿quién sería el rey? ¿un reino sin rey? Se buscó entre lo que había y, despreciados los carlistas, quién podía impuso un heredero de la dinastía histórica – más o menos es lo que decía la proclamación. Y “llegado el hecho sucesorio” ( delicado eufemismo de diñarla que se usó literalmente así) nos encontramos con los descendientes consiguientes a la guerra de sucesión, a partir del año de gracia (ejem...) de mil setecientos: La dinastía histórica. Como la república no podía ser (¡porque no, c...!) quien podía hacerlo designó al último descendiente de esa dinastía histórica “a título de rey”.

            Como falangista me ciño a lo que dijo José Antonio y he de reconocer que parafraseando a Marañón que dijo “no es esto, no es esto” - refiriéndose a la república que  él y otros intelectuales de prestigio habían contribuido decididamente a instaurar  - también  “no es esto, no es esto” el régimen actual de España, que consiente tamaños desafueros. La felonía no es de ahora, ya la conocimos con Carlos IV y Fernando VII.  A los seis años del cambio de régimen – la famosísima Transición canonizada y elevada a dogma de fe – se necesitó el montaje - digno de una tragedia griega - de la llegada de Odiseo a Ítaca para salvar la democracia de los aviesos pretendientes que querían eliminarla.  El Odiseo homérico impuso su potestas  fruto de su auctoritas; la tragedia nuestra sólo se ha servido de la potestas, pero desde luego sin la auctoritas. 

           Y sí, España sufre una clase dirigente que, parafraseando también a Rojas Zorrilla, “del rey incluido abajo, todos” tiene potestas sobre todos , Pero desde luego no tiene la más mínima auctoritas sobre nadie